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La Orden Templaria · Fundación 1119–1129

Hugo de Payns y los nueve caballeros: la fundación de la Orden del Temple (1119–1129)

En 1119, en el Reino Latino de Jerusalén, el caballero champañés Hugo de Payns reunió a ocho compañeros y profesó ante el patriarca un voto de pobreza, castidad y defensa armada de los peregrinos. Diez años más tarde, el Concilio de Troyes (1129), presidido por el legado de Honorio II y sostenido por Bernardo de Claraval, reconocía canónicamente la nueva militia Christi. El presente artículo reconstruye ese decenio fundacional a partir de las fuentes primarias del siglo XII, sin concesiones al mito.

Concilio de Troyes · 1129Bula Omne datum optimum · 1139De laude novae militiae · c. 1130Crónica de Guillermo de Tiro

I.Contexto: Tierra Santa tras la Primera Cruzada (1099–1119)

La Primera Cruzada culminó con la toma de Jerusalén el 15 de julio de 1099, bajo el caudillaje militar de Godofredo de Bouillón. El nuevo Reino Latino de Jerusalén nacía con fronteras frágiles y una población franca minúscula, rodeada de una mayoría siríaca, griega y árabe. El llamado Oriente Latino (Outremer) era un archipiélago de cuatro Estados —Jerusalén, Edesa, Antioquía y, desde 1109, Trípoli— conectados por caminos expuestos al pillaje beduino y turcomano.

La seguridad de los peregrinos europeos que acudían a los Santos Lugares se convirtió en prioridad pastoral inmediata. Los itinerarios desde los puertos de Jaffa y Acre hasta Jerusalén atravesaban bosques y desfiladeros donde las emboscadas eran frecuentes. Guillermo de Tiro, arzobispo e historiador del Reino nacido hacia 1130, refiere que en los años posteriores a la conquista «muchos peregrinos eran degollados impunemente» cuando se alejaban de las ciudades amuralladas, y que los cadáveres quedaban insepultos en los caminos.

Frente a esta urgencia, la incipiente Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén —reconocida como orden canónica por la bula Pie postulatio voluntatis del papa Pascual II en 1113— se ocupaba de la hospitalidad y la asistencia a los enfermos, pero no de la escolta armada. Los Hospitalarios derivaban de una hospedería benedictina fundada antes de la conquista, y su carisma era la atención al peregrino pobre y doliente, conforme a la tradición de la Iglesia oriental.

La geografía política del Reino se encontraba además en transición. Balduino I, hermano y sucesor de Godofredo, rey desde 1100, murió en 1118 durante una expedición al Egipto fatimí. Le sucedió su primo Balduino II du Bourg, hasta entonces conde de Edesa, coronado en Belén el 25 de diciembre de 1118 y en Jerusalén en Pascua de 1119. El nuevo rey hubo de defender simultáneamente la frontera norte —Edesa y Antioquía, recientemente sacudidas por la derrota del Campo de Sangre (junio de 1119)— y los caminos interiores del Reino.

Este es el cuadro —fronteras frágiles, peregrinos desprotegidos, ausencia de un cuerpo regular de escolta armada— en el que se inserta la fundación templaria. No nació en el secreto, sino como respuesta a una urgencia pública reconocida por el rey, el patriarca latino y los fieles de la Cristiandad. La Iglesia, en su oficio pastoral, no podía dejar desamparados a los peregrinos que, en cumplimiento del precepto penitencial, habían cruzado el mar para venerar el Santo Sepulcro.

«In eodem quoque anno quidam nobiles viri, devoti scilicet et Deo accepti, in Hierosolymis commorantes, coeperunt novae religionis propositum in Christo, in manus patriarchae profiteri.»

En aquel mismo año, ciertos varones nobles, devotos y aceptos a Dios, que habitaban en Jerusalén, comenzaron a profesar ante el patriarca el propósito de una nueva religión en Cristo.

Guillermo de Tiro, Historia rerum in partibus transmarinis gestarum, XII, 7 (ed. R.B.C. Huygens, CCCM 63, Turnhout: Brepols, 1986)

II.Hugo de Payns: el caballero champañés

Hugo de Payns (en francés Hugues de Payns; en latín, Hugo de Paganis) nació hacia 1070 en el señorío de Payns, aldea situada a pocos kilómetros al noroeste de Troyes, en el condado de Champaña. Pertenecía a la pequeña nobleza regional: su familia poseía tierras en los confines del dominio de los condes de Champaña y figuraba en los cartularios troyanos desde finales del siglo XI. El topónimo Payns (Pagani en latín medieval) ha hecho correr ríos de tinta entre los autores esotéricos, pero designa simplemente la aldea natal, sin connotación pagana alguna.

Hugo aparece documentado por primera vez en cartas de donación del condado de Champaña entre 1085 y 1113, en las que firma como testigo de los condes Hugo I y Odón. En 1114, el conde Hugo I tomó la cruz y marchó a Tierra Santa; es probable que Hugo de Payns le acompañase. En 1115, una carta del cartulario de la abadía cisterciense de Molesme menciona a un caballero llamado Hugo de Payns establecido en Palestina, dato que el medievalista Alain Demurger considera verosímil.

Casado con Isabel de Payns y padre de al menos un hijo, Teobaldo, Hugo optó posteriormente por la vida religiosa. Su esposa profesó en el monasterio femenino de San Antonio de Tiro, y su hijo entró en el capítulo canonical del Santo Sepulcro. Esta renuncia doméstica —documentada por cartas de donación de 1129–1130— sitúa a Hugo en la línea de tantos caballeros del siglo XII que conciliaron el oficio militar con un voto de pobreza evangélica, conforme al espíritu de la reforma gregoriana.

Guillermo de Tiro lo describe como «varón noble y devoto, prudente en los consejos y animoso en las armas». Su retrato es el del caballero pío de la primera generación cruzada: no un místico visionario, sino un laico entregado al servicio de la Iglesia y de los peregrinos. La relación de Hugo con Bernardo de Claraval —cuya abadía de Claraval estaba en plena Champaña, a una jornada de camino de Payns— facilitó decisivamente el reconocimiento canónico de la nueva orden en 1129. Andrés de Montbard, uno de los nueve fundadores, era tío carnal de Bernardo, lo que reforzó todavía más el vínculo espiritual entre la abadía cisterciense y la milicia nueva.

  • Nacimiento: hacia 1070, en el señorío de Payns (Champaña, cerca de Troyes)
  • Origen familiar: pequeña nobleza champañesa; vasallo de los condes de Champaña
  • Estado civil: casado con Isabel de Payns; al menos un hijo, Teobaldo
  • Presencia en Tierra Santa documentada desde 1114–1115
  • Vínculo espiritual con Bernardo de Claraval y con la abadía cisterciense de Claraval
  • Muerte: 24 de mayo de 1136, en Palestina; sucedido por Roberto de Craon

III.La fundación (1119): nueve caballeros y un voto

La fecha tradicional de la fundación es 1119, año que Guillermo de Tiro fija como el de la profesión solemne del primer grupo ante el patriarca latino de Jerusalén, Gormundo (Warmundo) de Picquigny. Algunos autores modernos —Pierre-Vincent Claverie, Rudolf Hiestand— han propuesto 1118 o incluso 1120, pero la tradición manuscrita y la lectura canónica del Concilio de Troyes se mantienen en 1119, fecha seguida en este artículo.

Los fundadores fueron nueve caballeros. Guillermo de Tiro nombra explícitamente a Hugo de Payns como primer maestre y a Godofredo de Saint-Omer como segundo. La lista canónica, consolidada por la historiografía del siglo XIII (Ernoul, las Grandes Chroniques de France), incluye además a Payns de Montdidier, Archambaud de Saint-Aignan, Andrés de Montbard —tío de Bernardo de Claraval—, Gondemaro, Rolando, Godofredo Bisol y un noveno cuyo nombre varía según las fuentes.

El voto que profesaron fue triple: pobreza, castidad y obediencia, conforme al modelo monástico benedictino, al que añadían el compromiso específico de escoltar y defender a los peregrinos en los caminos del Reino. El patriarca Gormundo les dio una regla inicial, hoy perdida en su forma primitiva, probablemente una breve fórmula de votos sobre el modelo de los canónigos regulares del Santo Sepulcro, a cuya liturgia quedaron adscritos en un primer momento.

El rey Balduino II cedió a los nueve caballeros, como alojamiento y cuartel, un ala del palacio real situado en el recinto de la mezquita de al-Aqsa, que los cruzados identificaban entonces con el Templo de Salomón. De este alojamiento —el «Templo»— tomaron su nombre definitivo: «Pobres caballeros de Cristo y del Templo de Salomón» (Pauperes commilitones Christi Templique Salomonici). La identificación topográfica, hoy sabemos, era inexacta —al-Aqsa se alza sobre el solar del Herodiano, no del salomónico—, pero dio su sello a la Orden para siempre.

La dimensión del encargo era modesta, pero teológicamente audaz: por primera vez en la historia de la Iglesia, un grupo de monjes profesos recibía autorización para derramar sangre humana en combate, siempre que fuese en defensa de los peregrinos y de la fe. Esta tensión entre la Regla benedictina —que prohíbe al monje el ejercicio de las armas— y el nuevo carisma militar sería resuelta canónicamente por Bernardo de Claraval en el De laude novae militiae, redactado pocos meses después del Concilio de Troyes.

  • Hugo de Payns — primer maestre de la Orden (11191136)
  • Godofredo de Saint-Omer — segundo en la lista de Guillermo de Tiro
  • Payns de Montdidier
  • Archambaud de Saint-Aignan
  • Andrés de Montbard — tío carnal de Bernardo de Claraval
  • Gondemaro
  • Rolando
  • Godofredo Bisol
  • Un noveno nombre cuya identidad varía según las fuentes

«Primi autem, qui hoc religionis propositum ceperunt, fuerunt Hugo de Paganis et Godefridus de Sancto Aldemaro; quibus rex Baldwinus in palatio suo juxta Templum Domini habitaculum concessit.»

Los primeros que abrazaron este propósito religioso fueron Hugo de Payns y Godofredo de Saint-Omer; a ellos el rey Balduino les concedió una morada en su palacio, junto al Templo del Señor.

Guillermo de Tiro, Historia rerum in partibus transmarinis gestarum, XII, 7

IV.El Concilio de Troyes (1129): reconocimiento canónico

Tras nueve años de existencia precaria y número reducido, Hugo de Payns comprendió que la Orden necesitaba reconocimiento canónico para crecer y recibir donaciones en Occidente con seguridad jurídica. En 1128 partió hacia Europa con cinco de sus caballeros y una carta del rey Balduino II dirigida a Bernardo de Claraval. El abad cisterciense, pariente de Andrés de Montbard —uno de los nueve fundadores—, acogió la causa con entusiasmo y la presentó al papa Honorio II.

El Concilio de Troyes se celebró en enero de 1129. Las cronologías tradicionales lo fechaban en 1128, pero la datación moderna de Rudolf Hiestand y de Alan Forey lo sitúa con seguridad en enero de 1129. Fue convocado por el papa Honorio II y presidido por el legado pontificio, el cardenal Mateo de Albano. Asistieron los arzobispos de Reims y Sens, los obispos de Châlons, Laon, París y otras sedes, así como varios abades cistercienses, entre ellos el propio Bernardo, cuyo papel fue decisivo en la redacción de la Regla.

Las actas del concilio, conservadas en la Collectio de Mansi (Sacrorum Conciliorum Nova Amplissima Collectio, vol. XXI, cols. 227–230), recogen la fórmula de aprobación. El concilio aprobó la Orden, le dio una Regla latina —la Regla primitiva, de unos setenta capítulos— y la colocó bajo obediencia directa del patriarca de Jerusalén, dejándola al margen de la jurisdicción episcopal ordinaria, conforme al principio de la reforma gregoriana de libertas Ecclesiae.

La Regla primitiva, redactada en latín bajo la inspiración bernardina, adoptaba la pobreza evangélica, la castidad conyugal, la obediencia al maestre y la liturgia canónica del clero secular; sustituía el oficio coral por un número fijo de Padrenuestros —proporcional a las horas canónicas— para los hermanos legos, dado que muchos eran analfabetos; prohibía el contacto con mujeres, incluso con la madre y la hermana del hermano; regulaba la disciplina militar, el equipo, la mesa y el hábito del caballero profeso. Sobre el manto blanco, símbolo de la castidad monástica, se cosería más tarde, hacia 1147, la cruz roja de ocho puntas, distintivo de los caballeros del Temple.

El concilio no fue un mero trámite. La Iglesia del siglo XII, marcada por la reforma gregoriana y por las condenas de la violencia privada (Paz de Dios, Tregua de Dios), se mostraba naturalmente reticente a la novedad teológica del monje-soldado. La aprobación conciliar, sostenida por la autoridad moral de Bernardo y por la urgencia pastoral de Tierra Santa, fue un acto doctrinal de gran alcance: legitimaba una nueva forma de vida religiosa, ni puramente monástica ni puramente clerical, que se difundiría en las décadas siguientes por toda la Cristiandad latina.

«Nos, attendentes quod nova religionis species in Christo Domino nostro pullulaverit, eam dignam duximus laude et augendo ampliare, ne forte, dum per paucitatem augentium minus succrescat, id quod est laudabile in praefata religione in contrarium vertatur.»

Nosotros, considerando que una nueva especie de religión ha brotado en Cristo nuestro Señor, la hemos juzgado digna de alabanza y de acrecentamiento, no sea que, por falta de quienes la incrementen, lo que es laudable en la dicha religión se torne en su contrario.

Concilio de Troyes (enero de 1129), Praefatio ad Regulam primitivam, en Mansi, Sacrorum Conciliorum Nova Amplissima Collectio, vol. XXI, col. 227

V.La excepción: ¿por qué tan pocos al principio?

Guillermo de Tiro refiere que durante los nueve primeros años de la Orden —de 1119 a 1128— el número de caballeros no aumentó: siguieron siendo nueve. El dato ha sido uno de los argumentos más explotados por la literatura esotérica para sugerir que los fundadores perseguían un objetivo oculto —la búsqueda de reliquias, excavaciones bajo el Templo, conocimientos secretos— incompatible con un reclutamiento masivo. La lectura atenta de las fuentes desmonta esta interpretación.

La explicación documental es mucho más sencilla y prosaica: pobreza. La Orden no poseía tierras, rentas ni iglesias en Occidente antes de 1128. Vivía de la caridad del rey Balduino II —que les cedió el alojamiento en el recinto del Templo— y de los escasos donativos que llegaban de Champaña. Un caballero armado del siglo XII costaba al año, entre caballos, armas, equipamiento y raciones, el equivalente al producto de una aldea entera. Sostener nueve era ya una carga pesada; sostener más, imposible sin recursos estables.

A esta pobreza material se añadía la ausencia de un marco canónico reconocido. Hasta el Concilio de Troyes, la Orden no tenía Regla escrita ni estatuto aprobado por Roma. Muchos caballeros deseosos de unirse podían legítimamente dudar: ¿era esto una orden religiosa propiamente dicha, o una cofradía de caballeros piadosos adscrita a los canónigos del Santo Sepulcro? Sólo la aprobación de 1129, con la autoridad de Bernardo de Claraval y del legado pontificio, dio a la empresa la legitimidad canónica que permitió reclutar en Europa a gran escala.

La cifra de nueve caballeros es, por tanto, un dato de contabilidad y de derecho canónico, no el indicio de una empresa secreta. La expansión posterior a 1129 —varios centenares de caballeros profesos reclutados en menos de cinco años— demuestra que el techo inicial era coyuntural, no programático. La Iglesia, al conceder el reconocimiento canónico en Troyes, abrió el cauce por el que la Orden pudo crecer de modo orgánico y conforme a derecho.

  • Ausencia de recursos patrimoniales: la Orden no poseía tierras ni rentas en Occidente antes de 1128
  • Coste elevado del mantenimiento de un caballero armado: caballos, armas y raciones anuales equivalentes al producto de una aldea
  • Falta de marco canónico: sin Regla escrita ni estatuto aprobado por Roma hasta enero de 1129
  • Dificultad logística de enviar caballeros desde Europa a Tierra Santa
  • Carácter experimental del modelo monje-soldado: la Iglesia aún no había legitimado formalmente esta forma de vida

VI.La expansión europea (1129–1147): donaciones y encomiendas

Tras el Concilio de Troyes, Hugo de Payns emprendió una gira europea (1129–1131) que cambió el destino de la Orden. Recorrió Francia —donde el conde Teobaldo IV de Champaña le recibió solemnemente—, Flandes —donde el conde Teodorico de Alsacia hizo cuantiosas donaciones—, Inglaterra y Escocia. El rey David I de Escocia le concedió tierras en Midlothian, origen de la encomienda de Balantrodoch, hoy conocida simplemente como Temple (Midlothian).

En 1130–1131, Hugo visitó la Península Ibérica. Ramón Berenguer III, conde de Barcelona, le donó el castillo de Grañena (1131) y otras tierras en Cataluña. Alfonso I el Batallador, rey de Aragón, había concedido ya en 1126 una donación inicial —la primera documentada en favor de la Orden en suelo hispánico— y, en su testamento de 1134, legó su reino a las órdenes del Temple, el Hospital y el Santo Sepulcro, legado que el Papa y los nobles aragoneses acabaron por desconvocar mediante el matrimonio de Ramiro el Monje con Inés de Poitou.

El caudal de donaciones fue extraordinario. En veinte años, de 1129 a 1149, los Templarios recibieron en Europa más de seiscientas encomiendas documentadas: tierras de labor, molinos, iglesias con sus diezmos, derechos de portazgo y feria, bosques y viñedos. Los cartularios de la Corona de Aragón, los registros ingleses (Testa de Nevill, 1242) y los cartularios franceses —de Troyes, de Provins, de la Sainte-Chapelle— documentan esta transferencia patrimonial sin interrupción. Cada donación iba acompañada de su título canónico: la Iglesia local la inscribía como «limosna en favor de la defensa de los Santos Lugares».

Esta red europea sostenía económicamente a la Orden en Tierra Santa: cada encomienda enviaba anualmente a la Casa Central de Jerusalén una «responsión» —típicamente un tercio de sus ingresos—. El flujo financiero que así se estableció fue el origen de la célebre red bancaria templaria del siglo XIII, no un objetivo fundacional. La Iglesia, al aprobar las donaciones, las enmarcaba jurídicamente como limosnas y pensiones pías en favor de la custodia de los Santos Lugares.

En 1136, poco después del regreso de Hugo a Palestina, el maestre murió. Le sucedió Roberto de Craon (11361147), antiguo caballero del séquito de Aquitania, que obtuvo en 1139 del papa Inocencio II la bula Omne datum optimum —«todo don perfecto»—, carta fundacional de los privilegios pontificios de la Orden: exención de la jurisdicción episcopal, derecho a tener capellanes propios, exención del diezmo sobre las tierras de la Orden y libre circulación de dinero entre encomiendas. La Orden entraba así de lleno en el sistema institucional de la Cristiandad latina, bajo la protección directa de la Sede Apostólica.

VII.El legado fundacional: la Regla primitiva y el modelo de orden militar

La Regla primitiva de 1129 estableció un modelo inédito de vida religiosa: el caballero profeso que combina los votos monásticos con el ejercicio legítimo de las armas. La teología subyacente, expuesta por Bernardo de Claraval en el De laude novae militiae, distinguía dos formas de militia: la militia saeculi, motivada por la ambición y el botín, y la militia Christi, que combate «no por la sangre, sino por la justicia» y mata al malo sin amar la muerte del hombre.

Sobre esta base teológica, la Regla organizó la vida de la Orden en tres categorías de hermanos: los caballeros profesos (nobles, con armas mayores y caballo de guerra), los sargentos (no nobles, con armas menores, funciones de escolta y logística) y los capellanes (clérigos ordenados encargados de los sacramentos y de la liturgia). Junto a ellos se admitía a los donados —laicos que se ofrecían a la Orden sin votos plenos— y a los afiliados, que mantenían su estado secular pero participaban de las oraciones y méritos de los hermanos.

El oficio coral fue adaptado: los caballeros, en su mayoría analfabetos, recitaban un número fijo de Padrenuestros en lugar de los salmos del Breviario monástico. La Regla fijaba el número en relación con cada hora canónica: catorce Padrenuestros por Maitines, diez por Laudes, siete por cada una de las Horas menores. La sustitución era canónicamente legítima, pues la autoridad conciliar de Troyes la había aprobado expresamente, y respondía a la tradición secular de la Iglesia que admite la conmutación del Oficio divino por oraciones vocales en el caso de los religiosos legos.

El modelo templario fue imitado por la Iglesia durante el siglo XII y la primera mitad del XIII: la Orden de Calatrava (1158, fundada por monjes cistercienses bajo Sancho III de Castilla), la Orden de Santiago (1170, canónigos regulares de Cáceres), la Orden de Alcántara (1176, originariamente de Pereyro), la Orden de Monte Gaudio (hacia 1173, aragonesa, luego fusionada con Calatrava) y los Caballeros Teutónicos de Santa María de Jerusalén (1190–1198, en Acre y luego en Prusia). Cada una adoptó una variante de la Regla templaria adaptada a su carisma específico.

La Iglesia, lejos de ser un obstáculo, fue la madre y protectora de este modelo. Sin la legitimación de Bernardo, sin el concilio de Troyes, sin las bulas Omne datum optimum (1139), Milites templi (1144) y Militia Dei (1145) de los papas Inocencio II y Celestino II, la Orden del Temple no habría sobrevivido ni un decenio. La fundación de Hugo de Payns es paradigma de cómo la Iglesia, en su oficio de Madre y Maestra, sabe asumir y canonizar las nuevas formas de vida cristiana que brotan en la historia, sin renunciar al depósito de la fe ni a la disciplina de los religiosos.

«Nova militiae species ortu novo, qua in terries et quadrupedante equite, ne dicam inaurato, munitur aduersus hostem. Ibi secura est pugna, ubi etiamsi corpus occiditur, anima vivit.»

Una nueva especie de milicia ha surgido en estos tiempos nuevos; combate al enemigo no a pie, sino a caballo, no digamos ya montando corceles enjaezados de oro. Allí la lucha es segura: aunque el cuerpo caiga muerto, el alma vive.

Bernardo de Claraval, De laude novae militiae ad milites Templi, cap. I (Sancti Bernardi Opera, vol. III, ed. J. Leclercq y H.M. Rochais, Roma: Editiones Cistercienses, 1963)

VIII.El contrapunto: mitos sobre el origen (Sión, Grial, excavaciones)

La figura de Hugo de Payns y los nueve fundadores ha sido objeto, desde el siglo XIX, de una densa mitología esotérica que no resiste el análisis documental. Esta mitología procede de un género literario —la «historia oculta» del Temple— que nace en Francia hacia 1818 con la obra de Joseph von Hammer-Purgstall, Mysterium Baphometis revelatum, y que se prolonga hasta el siglo XX con figuras como Louis Charpentier, Gérard de Sède y, ya en clave novelística, el llamado Priorato de Sión de Pierre Plantard.

El mito del Priorato de Sión, supuestamente contemporáneo a la fundación del Temple y más antiguo que la propia Orden, fue fabricado por Pierre Plantard entre 1956 y la década de 1960, y presentado al público mediante documentos apócrifos depositados en la Biblioteca Nacional de Francia. Los trabajos del medievalista Jean-Luc Chaumeil, los informes policiales franceses y la confesión final del propio Plantard en 1993 demostraron sin género de duda la falsedad del relato, hoy definitivamente desmentido por la historiografía académica.

La leyenda de las excavaciones bajo el Templo de Salomón carece de toda base documental. Los nueve caballeros vivieron efectivamente en el recinto de al-Aqsa —cedido por Balduino II—, pero las fuentes contemporáneas (Guillermo de Tiro, las cartas de Hugo de Payns, el cartulario del Santo Sepulcro) coinciden en que su ocupación era residencial y militar: custodia de los caminos y escolta de peregrinos. Ningún texto del siglo XII menciona excavación, búsqueda de reliquias o hallazgo arcano bajo el Haram al-Sharif.

La vinculación con el Santo Grial procede de una lectura alegórica del Parzival de Wolfram von Eschenbach (hacia 1200–1210), donde los guardianes del Grial son llamados «Templeise». Wolfram, sin embargo, escribe una novela caballeresca de tradición artúrica, no una crónica; su mención del Temple es un préstamo literario a la moda de su tiempo, como el propio Wolfram declara al atribuir su fuente a un imaginario Kyot de Provenza. Ninguna fuente templaria —ni la Regla, ni las cartas de los maestres, ni las actas conciliares— asocia jamás a la Orden con el Grial.

La conclusión historiográfica es inequívoca: la fundación del Temple fue un acto público y canónico, atestiguado por fuentes contemporáneas, aprobado por un concilio y ratificado por bulas pontificias. Los «misterios» que la literatura popular le ha añadido son construcciones post-1800, sin rastro en los archivos del siglo XII. La Iglesia, que canonizó la Orden en Troyes, es también la que ha conservado en sus archivos las fuentes primarias que permiten hoy desmontar la mitología esotérica.

"El Priorato de Sión no existió como institución medieval. Es una creación de Pierre Plantard, documentada como fraude en 1993 y desmentida por los medievalistas franceses." — Jean-Luc Chaumeil, La saga de Rennes-le-Château, París, 1998
"Hay que rechazar decididamente la hipótesis de excavaciones arqueológicas secretas en el recinto del Templo: ninguna fuente contemporánea la atestigua, y la topografía del recinto la hace inverosímil." — Alain Demurger, Les Templiers: Une chevalerie chrétienne au Moyen Âge, París: Seuil, 2005, p. 78

IX.Hugo de Payns en la historiografía moderna

La historiografía moderna sobre la fundación del Temple es abundante y rigurosa. El punto de partida crítico, todavía hoy fundamental, es la obra de Heinrich Finke, Papsttum und Untergang des Templerordens (Münster, 1907), que publicó por primera vez el grueso de los documentos pontificios relativos a la Orden conservados en el Archivo Secreto Vaticano, sentando las bases de la investigación documental moderna.

La síntesis inglesa de referencia es Malcolm Barber, The New Knighthood: A History of the Order of the Temple (Cambridge University Press, 1994), que dedica sus primeros capítulos a la figura de Hugo de Payns, al contexto de la fundación y al Concilio de Troyes con un aparato crítico exhaustivo. Barber insiste en la pobreza inicial de la Orden y en el carácter carismático de la misión europea de 1128–1129, subrayando que la expansión fue posterior y no fundacional.

La síntesis francesa de Alain Demurger, Les Templiers: Une chevalerie chrétienne au Moyen Âge (Seuil, 2005, 2.ª ed.), reactualiza la bibliografía y propone una cronología prudente de los años fundacionales, situando la presencia de Hugo en Tierra Santa desde 1114–1115. Helen Nicholson, en The Knights Templar: A New History (Sutton, 2001), presta especial atención a la dimensión occidental de la Orden —encomiendas, redes, vida cotidiana— y a la recepción de la Regla en los distintos reinos latinos.

Las ediciones de fuentes de Barber y Bate, The Templars: Selected Sources (Manchester University Press, 2002), y de Judith Upton-Ward, The Rule of the Templars (Boydell, 1992), ponen al alcance del lector no latinista los textos primarios —Regla, cartas, bulas, actas de Troyes—. Para la datación precisa del Concilio, el estudio canónico sigue siendo Rudolf Hiestand, «Zum Datum und zur Entstehung der frühen Templerregel» (Deutsches Archiv für Erforschung des Mittelalters 51, 1995), que fija la fecha en enero de 1129. Pierre-Vincent Claverie, en sus trabajos publicados en la revista Crusades (2014–2015), ha revisado la figura de Honorio II y la approving role de la curia romana.

X.Cronología

La cronología que sigue reúne los hitos documentados del decenio fundacional (11191129) y de la primera generación templaria hasta la Segunda Cruzada (1147). Las fechas anteriores a 1129 se basan principalmente en Guillermo de Tiro y en los cartularios de Champaña; las posteriores, en las bulas pontificias y en los registros de las encomiendas europeas.

Para los acontecimientos cuya datación es objeto de debate (fundación en 1118/1119; Concilio de Troyes en enero de 1128/enero de 1129), se ha seguido la datación canónica aceptada por la historiografía reciente (Hiestand, Forey, Claverie), que se inclina por 1119 y enero de 1129 respectivamente. Las referencias documentales de cada entrada se encuentran en la sección XI de este artículo.

c. 1070
Nacimiento en Payns (Champaña)
Hugo nace en el señorío de Payns, aldea próxima a Troyes, en el seno de una familia de la pequeña nobleza champañesa vasalla de los condes de Champaña.
1114–1115
Llegada a Tierra Santa
Probable viaje de Hugo a Palestina en el séquito del conde Hugo I de Champaña. Documentado como caballero establecido en Jerusalén desde 1115.
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1119
Voto fundacional
Hugo y ocho compañeros profesan ante el patriarca Gormundo de Picquigny un voto de pobreza, castidad, obediencia y defensa armada de los peregrinos en los caminos del Reino Latino.
1128–1129
Misión europea y Concilio de Troyes
Hugo recorre Francia, Flandes, Inglaterra, Escocia y la Península Ibérica. El Concilio de Troyes (enero de 1129), convocado por Honorio II, aprueba canónicamente la Orden y le da Regla latina.
1136
Muerte en Palestina
Hugo muere en Tierra Santa el 24 de mayo de 1136, dejando consolidada la Orden bajo la protección pontificia. Le sucede Roberto de Craon (1136–1147).
1099
Toma de Jerusalén por la Primera Cruzada (15 de julio). Godofredo de Bouillón se convierte en Defensor del Santo Sepulcro.
1113
El papa Pascual II reconoce canónicamente la Orden del Hospital de San Juan con la bula Pie postulatio voluntatis. Precedente canónico de las órdenes militares posteriores.
1114–1115
El conde Hugo I de Champaña marcha a Tierra Santa; probable viaje de Hugo de Payns en su séquito.
1118
Muerte de Balduino I. Balduino II du Bourg, conde de Edesa, es coronado rey de Jerusalén.
1119
Fundación de la Orden del Temple: Hugo de Payns y ocho compañeros profesan ante el patriarca Gormundo de Picquigny. Derrota cruzada en el Campo de Sangre (junio).
1120
El rey Balduino II cede a los nueve caballeros un ala del palacio real en el recinto de al-Aqsa (el «Templo de Salomón»).
1126
Primera donación documentada de Alfonso I el Batallador, rey de Aragón, a los Templarios en suelo hispánico.
1128
Hugo de Payns parte hacia Europa con cinco caballeros y la carta del rey Balduino II dirigida a Bernardo de Claraval.
Enero de 1129
Concilio de Troyes, convocado por Honorio II y presidido por el cardenal Mateo de Albano. Aprobación canónica de la Orden y promulgación de la Regla primitiva latina.
c. 1129–1130
Bernardo de Claraval redacta el De laude novae militiae ad milites Templi, encomio teológico de la nueva militia Christi.
1130
Hugo de Payns recorre Inglaterra y Escocia. El rey David I de Escocia le dona tierras en Midlothian, origen de la encomienda de Balantrodoch.
1130–1131
Hugo visita la Península Ibérica. Donaciones de Ramón Berenguer III de Barcelona, entre ellas el castillo de Grañena (1131).
1134
Testamento de Alfonso I el Batallador: lega su reino al Temple, al Hospital y al Santo Sepulcro. El legado será desconvocado en 1135 por Ramiro II el Monje.
1136
Muerte de Hugo de Payns en Palestina (24 de mayo). Le sucede Roberto de Craon como segundo maestre de la Orden.
1139
El papa Inocencio II concede la bula Omne datum optimum: exención de la jurisdicción episcopal y privilegios canónicos plenos.
1147
Segunda Cruzada. Los Templarios acompañan a Luis VII de Francia. Muerte de Roberto de Craon; le sucede Everardo des Barres como tercer maestre.

XI.Fuentes y bibliografía

Se recogen a continuación las fuentes primarias (siglo XII) y la bibliografía moderna de referencia. Las fuentes primarias son preconciliares y proceden íntegramente del patrimonio manuscrito o impreso de la Iglesia o de los archivos reales y condales del medievo. Las ediciones citadas son las corrientes en la historiografía contemporánea.

Las fuentes secundarias se limitan a obras académicas de referencia, excluyéndose la literatura de divulgación sensacionalista. Cuando se cita una traducción moderna, se indica la edición crítica original que sirve de base. Se han excluido por principio las obras que presentan el origen del Temple como sociedad secreta, portadora de conocimientos esotéricos o vinculada al Grial, por carecer de base documental primaria.

  • Guillermo de Tiro, Historia rerum in partibus transmarinis gestarum (c. 1170–1184), ed. R.B.C. Huygens, Corpus Christianorum Continuatio Mediaevalis 63–63A, Turnhout: Brepols, 1986. Libro XII, cap. 7: fundación del Temple.
  • Concilio de Troyes (enero de 1129), actas y Praefatio ad Regulam primitivam, en J.D. Mansi (ed.), Sacrorum Conciliorum Nova Amplissima Collectio, vol. XXI, cols. 227–230 (reimp. Graz: Akademische Druck- u. Verlagsanstalt, 1960–1961).
  • Regla primitiva del Temple (1129), ed. Henri de Curzon, La Règle du Temple, Paris: Renouard, 1886 (reimp. Genève: Slatkine, 1977). Edición moderna con traducción francesa.
  • Bernardo de Claraval, De laude novae militiae ad milites Templi (c. 1129–1130), en J. Leclercq y H.M. Rochais (eds.), Sancti Bernardi Opera, vol. III, Roma: Editiones Cistercienses, 1963, pp. 213–239.
  • Inocencio II, bula Omne datum optimum (29 de marzo de 1139), en Bullarium ordinis militiae Templi, ed. Marquardus de Buxia, Frankfurt, 1685; ed. crítica en K. Schottmüller, Der Untergang des Templerordens, Berlin, 1887, documentos n.º 1–3.
  • Carta circular de Hugo de Payns a los caballeros de la Orden (finales de 1128 / principios de 1129), anunciando la convocatoria de Troyes; ed. y trad. en M. Barber y K. Bate, The Templars: Selected Sources, Manchester: Manchester University Press, 2002, pp. 60–63.
  • Cartulario de los condes de Barcelona (donaciones de Ramón Berenguer III a Hugo de Payns, 1130–1131), Archivo de la Corona de Aragón (Barcelona), fondo Cancillería real, pergaminos de Ramón Berenguer III, n.º 234 y 247.
  • Suger de Saint-Denis, Vita Ludovici Grossi regis (c. 1144), ed. H. Waquet, Paris: Les Belles Lettres (Collection des Universités de France), 1929. Recoge noticias sobre la presencia de Hugo en la corte de Francia en 1128–1129.

XII.Preguntas frecuentes

Las preguntas frecuentes que siguen abordan las objeciones más comunes que la literatura popular ha difundido sobre el origen de la Orden del Temple. Las respuestas se fundan en las fuentes primarias del siglo XII y en la historiografía académica moderna (Barber, Demurger, Nicholson, Hiestand, Claverie), y son coherentes con el resto de la subsección «La Orden Templaria» de Astrogoy.

No. La fundación de <strong>1119</strong> fue un acto público: profesión solemne ante el patriarca latino de Jerusalén, <strong>Gormundo de Picquigny</strong>, y entrega del alojamiento en el recinto del Templo por el rey <strong>Balduino II</strong>. Diez años más tarde, el <strong>Concilio de Troyes</strong> (enero de <strong>1129</strong>) aprobó canónicamente la Orden y le dio Regla escrita. Ninguna de estas etapas fue clandestina: la Orden aparece mencionada en cartas, crónicas y cartularios desde 1120. El número reducido de los primeros años (nueve caballeros) se debía a pobreza, no a secreto.

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