I.La brecha de Porta Pia y el pontificado sitiado
EEl 20 de septiembre de 1870, cuatro años antes del cónclave que eligió a León XIII, un destacamento de infantería italiana abrió brecha en los muros de Roma por la Porta Pia. La ciudad del Papa quedaba incorporada al Reino de Italia. Pío IX, que ocupaba la Silla de Pedro desde 1846, se declaró «prisionero del Vaticano» y no volvió a salir del palacio apostólico. El Estado Pontificio, que había durado once siglos, dejaba de existir como sujeto de derecho internacional en un único día de cañoneo.
El pontificado sitiado era la condición de partida del sucesor. Pío IX había respondido a la pérdida temporal con la proclamación del dogma de la infalibilidad pontificia (Concilio Vaticano I, 18 julio 1870, constitución Pastor aeternus), aprobada en plena Guerra Franco-Prusiana y dos meses antes de que las tropas italianas entraran en Roma. La Syllabus (1864) había cerrado la puerta al «modernismo» enumerando ochenta errores. El pontificado anterior había sido de defensa cerrada: negar, condenar, fortificar.
La Iglesia que Pío IX legaba a su sucesor era una Iglesia con su sede material ocupada, su soberanía territorial disuelta, su jerarquía acosada por los gobiernos liberales de Italia, Alemania (el Kulturkampf de Bismarck, 1871–1878), Suiza y Francia, y su doctrina social ausente del debate público sobre la «cuestión obrera» que la revolución industrial planteaba. El socialismo, en plena expansión desde el Manifiesto Comunista (1848) y la Primera Internacional (1864), llenaba el vacío que la Iglesia católica no estaba llenando.
El cónclave de 1878 se celebró en condiciones de clandestinidad relativa. Los cardenales se reunieron el 18 de febrero, tres días después de la muerte de Pío IX, en la Capilla Sixtina. El gobierno italiano había amenazado con confiscar los bienes de cualquier cardenal que asistiera. Asistieron cincuenta y cuatro de los sesenta y cuatro cardenales vivos. El 20 de febrero, en la tercera votación, salió elegido Vincenzo Gioacchino Pecci, arzobispo de Perugia, cardenal desde 1853, que tomó el nombre de León XIII.
- 20 septiembre 1870: brecha de Porta Pia. El Estado Pontificio deja de existir como sujeto de derecho internacional. Pío IX se declara «prisionero del Vaticano».
- 18 julio 1870: Concilio Vaticano I proclama la infalibilidad pontificia (Pastor aeternus). El concilio se suspende el 20 de octubre sin reanudarse.
- 1864: Pío IX publica la Syllabus, lista de 80 errores modernos. La Iglesia cierra filas en defensa doctrinal cerrada.
- 1871–1878: Kulturkampf de Bismarck en Alemania. Expulsión de jesuitas, control estatal de seminarios, encarcelamiento de obispos católicos.
- 20 febrero 1878: cónclave en Capilla Sixtina. Elección de Vincenzo Gioacchino Pecci, arzobispo de Perugia. Toma el nombre de León XIII.
II.Vincenzo Gioacchino Pecci: de Carpineto a Perugia
Vincenzo Gioacchino Pecci nació el 2 de marzo de 1810 en Carpineto Romano, una aldea de los Monti Lepini, en los Estados Pontificios. Hijo de una familia de la pequeña nobleza rural —los Pecci eran condes de origen toscano afincados en el Lacio desde el siglo XV—, fue el sexto de siete hijos. Su hermano mayor, Giuseppe Pecci (1807–1890), jesuita y luego cardenal, sería uno de los principales colaboradores del pontificado leonino en la restauración tomista.
Formado en el colegio jesuita de Viterbo (1818–1824), en el seminario romano (1824–1832) y en la Accademia dei Nobili Ecclesiastici de Roma —la escuela diplomática pontificia—, Pecci recibió la ordenación sacerdotal el 31 de diciembre de 1837, a los veintisiete años. Su carrera administrativa fue rápida: gobernador de Benevento (1838–1841), delegado apostólico de Spoleto (1841–1843), nuncio en Bélgica (1843–1846). En Bruselas trató con el rey Leopoldo I y mantuvo correspondencia con el futuro cardenal Sterckx, arzobispo de Malinas.
Gregorio XVI lo nombró arzobispo in partibus de Damietta el 27 de enero de 1843, antes de la nunciatura belga. Pío IX lo trasladó a la sede suburbicaria de Perugia el 19 de enero de 1846, donde Pecci permanecería treinta y dos años. Allí escribió sus cartas pastorales sobre el tomismo (1854, Rerum ecclesiasticarum), sobre la educación del clero (1858), sobre la cuestión social (1877, L'operaia e l'onestà), esta última anticipando temas de Rerum Nouarum. Pío IX lo creó cardenal presbítero de San Lorenzo in Panisperna el 19 de diciembre de 1853.
Perugia fue para Pecci lo que Hipona fue para Agustín: la sede que lo formó como pastor y como intelectual. Su episcopado allí se distinguió por la promoción de los estudios tomistas en el seminario diocesano, por la resistencia sin estridencias al liberalismo anticlerical del Reino de Italia tras 1860 (Perugia fue anexionada en septiembre de ese año), y por una serie de cartas pastorales que ya contenían, en germen, el programa que aplicaría como papa: tomismo, doctrina social, apertura al estudio. En 1877 publicó L'operaia e l'onestà, una pastoral sobre la condición obrera escrita cuando la «cuestión social» todavía no era una categoría magisterial. Cuatro años antes de Rerum Nouarum, Pecci ya escribía que «el obrero no es una mercancía».
- 2 marzo 1810: nacimiento en Carpineto Romano (Estados Pontificios). Hijo de los condes Pecci, pequeña nobleza rural del Lacio.
- 31 diciembre 1837: ordenación sacerdotal en Roma. Formación jesuita en Viterbo, seminario romano y Accademia dei Nobili Ecclesiastici.
- 1838–1843: carrera administrativa: gobernador de Benevento, delegado de Spoleto, nuncio en Bélgica.
- 1846–1878: arzobispo de Perugia. Treinta y dos años de episcopado. Cartas pastorales sobre tomismo (1854), clero (1858), cuestión obrera (1877).
- 19 diciembre 1853: creado cardenal presbítero de San Lorenzo in Panisperna por Pío IX.
- Hermano: Giuseppe Pecci SJ (1807–1890), cardenal desde 1879. Colaborador directo en la restauración tomista.
III.Æterni Patris (1879): el tomismo como casa común
El 4 de agosto de 1879, diecisiete meses después de su elección, León XIII firmó la encíclica Æterni Patris. El título es el inicio del texto: «Del Padre eterno». La encíclica no es un manifiesto polémico contra la modernidad —eso ya había hecho Pío IX con la Syllabus—. Es un acto constructivo: ordenar a los seminarios y facultades católicas que pongan a santo Tomás de Aquino como autor principal en la formación filosófica. No el único, pero sí el principal. Es un acto de magisterio pedagógico de alcance enorme: elige a un autor del siglo XIII como casa común de la teología católica del siglo XIX.
La frase que abre la sección doctrinal fija el programa. León XIII no rehabita a Tomás como fósil: lo rehabita como marco vivo de pensamiento. La distinción es constitutiva. Antes de Æterni Patris, la Summa Theologica se leía en los seminarios como manual de teología moral, capítulo a capítulo, en edición no crítica. Después de Æterni Patris, se lee como marco de pensamiento. La diferencia no es de grado: es ontológica.
Los actos materiales que siguieron confirman que la encíclica no era retórica. En 1880, León XIII erigió en Roma la Academia de Santo Tomás de Aquino, institución destinada a formar a los profesores que enseñarían el tomismo en los seminarios. En 1882 inició la Editio Leonina, edición crítica de las obras completas de santo Tomás bajo comisión pontificia —empresa editorial que continúa hoy, más de ciento cuarenta años después, dependiente de la Santa Sede—. La Summa Theologica II-II, cuestión 95, artículo 5, el texto canónico que fija la distinción entre astrología natural y judiciaria, quedó desde entonces disponible en texto crítico accesible.
El gesto de Æterni Patris no se entiende sin el contexto intelectual. En 1879, la escolástica estaba en retirada. La Revolución Francesa, el liberalismo, el kantismo, el positivismo de Comte, el hegelianismo, el espiritualismo ecléctico de Ravaisson y Cousin —todas las corrientes del siglo XIX habían desplazado a Tomás al rincón de los manuales seminariales como fósil premoderno. La Summa se leía, pero no se discutía en diálogo con la filosofía moderna. La Iglesia estaba en defensa cerrada desde la Syllabus (1864), no en reconstrucción intelectual. León XIII invierte la tendencia: de defender a reconstruir.
La elección de Tomás no es arbitrariedad. El papa lo dice en la encíclica: Tomás es el autor que mejor sintetizó la revelación cristiana con la filosofía de Aristóteles, el que distinguió con más precisión entre naturaleza y gracia, razón y fe, libre albedrío y determinación. Es la síntesis que permite a la Iglesia entrar en diálogo con la modernidad sin disolverse en ella. León XIII no pide que los católicos rechacen a Kant o a Hegel: pide que los lean con Tomás de fondo, para que tengan el instrumento de distinguir lo que en ellos es verdad de lo que es error.
- Æterni Patris (4 agosto 1879): encíclica que ordena a santo Tomás como autor principal en la formación filosófica de los seminarios católicos. No el único, pero sí el principal.
- Academia de Santo Tomás (1880): erigida en Roma por León XIII. Forma a los profesores que enseñarán el tomismo.
- Editio Leonina (1882): edición crítica de las obras completas de santo Tomás, bajo comisión pontificia. Empresa que continúa hoy, +140 años después.
- Contexto intelectual: en 1879 la escolástica estaba desplazada por kantismo, positivismo, hegelianismo. La Summa se leía como fósil, no como marco. Æterni Patris invierte la tendencia: de defender a reconstruir.
- Elección de Tomás: el autor que mejor sintetizó revelación y filosofía de Aristóteles. El instrumento para distinguir naturaleza/gracia, razón/fe, libre albedrío/determinación. No rechazar la modernidad: leerla con Tomás de fondo.
✦✦«Angelici Doctoris magisterio et auctoritate… uniuersam Ecclesiam illustrari.»
Por la enseñanza y la autoridad del Doctor Angélico… la Iglesia universal queda iluminada.
León XIII, Æterni Patris (4 agosto 1879). Texto latino oficial: vatican.va/content/leo-xiii/la/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_04081879_aeterni-patris.html
IV.El programa leonino: dialogar sin rendirse
El programa de León XIII se articuló sobre cinco frentes simultáneos, no sobre uno solo. Llamarlo «papa social» (como hace la historiografía popular) o «papa tomista» (como hace la lectura puramente intelectual) es reduccionismo. El programa leonino es integral: intelectual, social, histórico, diplomático y devocional. Los cinco frentes se sostienen mutuamente. Si se quita uno, los otros cojean.
Frente intelectual. Æterni Patris (1879) restauró el tomismo. Sin este frente, los otros carecen de marco doctrinal: la doctrina social de Rerum Nouarum no se sostiene sin el principio tomista del bien común; la doctrina política de Immortale Dei no se sostiene sin la distinción entre ley eterna y ley humana; la doctrina de la libertad de Libertas no se sostiene sin la noción tomista de libre albedrío ordenado al bien. El tomismo es la cimentación.
Frente social. Rerum Nouarum (15 mayo 1891) inauguró la doctrina social católica como magisterio. Antes de 1891, la Iglesia había condenado el socialismo (Quod apostolici muneris, 1878) sin ofrecer alternativa doctrinal al obrero católico. Después de 1891, la Iglesia entra en la «cuestión obrera» con doctrina propia: salario justo, derecho de asociación, propiedad privada con función social, subsidiariedad (antes de que el término existiera). Rerum Nouarum abre una corriente que llega hasta Laudato si' (2015), pasando por Quadragesimo Anno (1931, Pío XI) y Centesimus Annus (1991, Juan Pablo II).
Frente histórico. La apertura del Archivo Secreto Vaticano en 1881 es un acto de transparencia intelectual sin precedentes. Cerrado al público desde Pablo V (1612), el Archivo quedó abierto a los historiadores por decisión de León XIII. La justificación del papa fue directa: la Iglesia no teme sus propios documentos. La apertura permitió, entre otras cosas, el redescubrimiento moderno de los procesos de Galileo (publicados en 1887) y, un siglo más tarde, el del pergamino de Chinon por Barbara Frale (2001). Sin León XIII, sin Chinon moderno.
Frente diplomático. León XIII desactivó parcialmente el Kulturkampf de Bismarck (1871–1878) negociando con el canciller alemán vía nunciatura. Restableció nunciaturas en Bélgica (1880) y España (1881). En Francia, el ralliement a la República francesa, proclamado en la encíclica Au milieu des sollicitudes (16 febrero 1892), pidió a los católicos franceses aceptar la forma republicana de gobierno para dejar de combatir al régimen. El ralliement tuvo éxito parcial: contuvo temporalmente el antisemitismo católico francés, pero fracasó tras el affaire Dreyfus (1894–1906).
Frente devocional. Doce encíclicas sobre el Rosario (1883–1898), la consagración del género humano al Sagrado Corazón con Annum Sacrum (25 mayo 1899, solemnidad celebrada el 11 de junio de 1899) que el propio papa llamó «el gran acto» de su pontificado. La devoción no es adorno: es la condición pastoral del programa doctrinal. Un pontificado puramente intelectual no habría llegado a los fieles. El Rosario y el Sagrado Corazón sí llegaron.
El método que une los cinco frentes es la distinción, no la disolución. León XIII no disuelve la doctrina católica en el liberalismo moderno, ni disuelve la modernidad en el catolicismo premoderno. Distingue: lo que en la modernidad es legítimo (formas democráticas, libertad como autodeterminación ordenada al bien, ciencia astronómica, crítica histórica) lo distingue de lo que en la modernidad es error (liberalismo como indiferencia ante la verdad, socialismo como colectivismo, relativismo gnoseológico). El método es tomista aplicado a la modernidad. La modernidad entra en la Iglesia, pero reordenada por el tomismo, no aceptada en bloque.
- Frente intelectual: Æterni Patris (1879) restaura el tomismo. Es la cimentación de los otros cuatro frentes. Sin Tomás, ni doctrina social ni doctrina política ni doctrina de la libertad.
- Frente social: Rerum Nouarum (15 mayo 1891) inaugura la doctrina social católica. Salario justo, derecho de asociación, propiedad con función social. Apertura de la corriente que llega hasta Laudato si' (2015).
- Frente histórico: apertura del Archivo Secreto Vaticano en 1881. La Iglesia no teme sus propios documentos. Permitió el redescubrimiento moderno de Galileo (1887) y, un siglo más tarde, del pergamino de Chinon (2001).
- Frente diplomático: desactivación parcial del Kulturkampf, restablecimiento de nunciaturas (Bélgica 1880, España 1881), ralliement a la República francesa (1892). Éxito parcial: fracasó tras el affaire Dreyfus.
- Frente devocional: 12 encíclicas sobre el Rosario (1883–1898), consagración al Sagrado Corazón con Annum Sacrum (25 mayo 1899). El propio León XIII la llamó «el gran acto» de su pontificado.
- Método: distinguir, no disolver. Lo legítimo de la modernidad (formas democráticas, ciencia, crítica histórica) distinguido de lo que es error (liberalismo como indiferencia, socialismo, relativismo). Tomismo aplicado a la modernidad.
V.Rerum Nouarum (1891): la Iglesia entra en la cuestión social
El 15 de mayo de 1891, León XIII firmó Rerum Nouarum, encíclica sobre la condición de los obreros. Es la excepción que confirma el método: por primera vez, el magisterio pontificio entra con doctrina propia en la «cuestión obrera» que la revolución industrial había planteado y que el socialismo pretendía resolver. La encíclica no condena en bloque: distingue. Condena el socialismo como colectivismo que disuelve la propiedad privada y la familia; condena el liberalismo salvaje que reduce al obrero a mercancía; defiende la propiedad privada con función social, el salario justo, el derecho de asociación y la intervención subsidiaria del Estado.
El incipit latino, en grafías originales, sitúa la urgencia: las «cosas nuevas» no son novedad caprichosa, son agitación que lleva del razonamiento a las armas. La Iglesia no puede callar cuando la agitación toca el orden social que la doctrina ha de juzgar.
La doctrina de Rerum Nouarum se articula en cuatro tesis. Primera: la propiedad privada es derecho natural conforme a la destinación universal de los bienes y al mandamiento «no robarás», pero lleva aneja una función social: el propietario no puede usar lo suyo contra el bien común. Segunda: el salario justo no es el salario de mercado, sino el que permite al obrero sostenerse a sí mismo y a su familia con un margen de ahorro. Tercera: el derecho de asociación es natural; el Estado no puede prohibir los sindicatos católicos de obreros sin violar la ley natural. Cuarta: la intervención del Estado en la economía debe ser subsidiaria: intervenir donde la familia o el cuerpo intermedio no puedan, sin absorberlos.
La recepción española de Rerum Nouarum fue densa y temprana. En 1893, el jesuita Vicente Aldalur fundó en Valencia los Círculos Católicos de Obreros siguiendo el modelo del Círculo Católico de Obreros de Milán (1861), ahora rearmado doctrinalmente por la encíclica. El padre Antonio Vicent SJ, director de la revista El Mensajero del Corazón de Jesús desde 1879, fue su principal impulsor intelectual: redactó El movimiento social cristiano (1893) y formó a una generación de propagandistas católicos. La Acción Católica Popular, heredera directa de los Círculos, articuló la presencia social del catolicismo español durante el primer tercio del siglo XX. Severino Aznar (1870-1938), catedrático de Historia de España en la Universidad de Madrid y director de La Correspondencia de España, publicó El problema social y la democracia cristiana (1900) como extensión española de la doctrina leonina. La recepción española no fue marginal: fue uno de los focos europeos más activos.
El alcance de Rerum Nouarum se mide por su descendencia magisterial. Pío XI la conmemoró con Quadragesimo Anno (1931), donde se acuñó formalmente el principio de subsidiariedad. Juan XXIII continuó con Mater et Magistra (1961) y Pacem in Terris (1963). Pablo VI con Octogesima Adveniens (1971). Juan Pablo II con Laborem Exercens (1981) y Centesimus Annus (1991). Benedicto XVI con Caritas in Veritate (2009). Francisco con Laudato si' (2015) y Fratelli Tutti (2020). La doctrina social católica, hoy, sigue siendo leonina en su fundación.
La Iglesia, con Rerum Nouarum, entró en la modernidad social para reordenarla. No para disolverse en el socialismo. No para bendecir el liberalismo salvaje. Para juzgar ambos desde un principio que ninguno acepta: el principio del bien común tomista, que ni el colectivismo ni el individualismo pueden sostener.
- 15 mayo 1891: Rerum Nouarum sobre la condición de los obreros. Primera encíclica social de la historia. Distingue socialismo y liberalismo salvaje, condena ambos.
- Cuatro tesis: propiedad privada con función social, salario justo (no de mercado), derecho de asociación natural, intervención subsidiaria del Estado.
- Recepción española: Círculos Católicos de Obreros de Valencia (1893), padre Antonio Vicent SJ y El Mensajero del Corazón de Jesús, Acción Católica Popular, Severino Aznar (El problema social y la democracia cristiana, 1900).
- Descendencia magisterial: Quadragesimo Anno (1931), Mater et Magistra (1961), Laborem Exercens (1981), Centesimus Annus (1991), Caritas in Veritate (2009), Laudato si' (2015). La doctrina social católica sigue siendo leonina en su fundación.
- Método: la Iglesia entra en la modernidad social para reordenarla, no para disolverse. El principio del bien común tomista ni el colectivismo ni el individualismo pueden sostenerlo.
✦✦«Rerum nouarum semel excitata cupidine, quae diu quidem commouet ciuitates, illud erat consecuturum ut commutationum studia a rationibus ad arma potius transferrentur.»
El deseo de cosas nuevas, una vez despertado, que desde hace tiempo agita a los pueblos, tenía que llevar a que la pasión por el cambio pasara de los razonamientos a las armas.
León XIII, Rerum Nouarum (15 mayo 1891), prólogo. Texto latino oficial: vatican.va/content/leo-xiii/la/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html
VI.La apertura del Archivo Vaticano (1881): la Iglesia que no teme sus documentos
El 1 de mayo de 1881, León XIII ordenó la apertura del Archivo Secreto Vaticano a los historiadores. El Archivo, fundado en su forma moderna por Pablo V en 1612, había permanecido cerrado al estudio externo durante doscientos sesenta y nueve años. La decisión de León XIII no fue gesto simbólico: fue la apertura material de la memoria institucional de la Iglesia a la crítica histórica. El papa lo justificó con una frase que quedó como divisa del pontificado en materia intelectual: la Iglesia no teme sus propios documentos.
El Archivo, hoy Archivo Apostólico Vaticano desde el cambio de denominación de 2019, custodia más de ochocientos fondos documentales que abarcan desde el siglo VIII hasta el siglo XX. Sus estanterías suman ochenta y cinco kilómetros lineales. Antes de 1881, el acceso estaba reservado a los archiveros pontificios y a un puñado de eruditos seleccionados. Después de 1881, cualquier historiador con credenciales académicas pudo solicitar consulta. La Iglesia dejó de ser objeto de rumor y se convirtió en objeto de estudio.
Los efectos de la apertura no se hicieron esperar. En 1887, la propia Santa Sede publicó las actas del proceso de Galileo Galilei (1633), documento central del conflicto entre la Iglesia y la ciencia moderna. La publicación permitió a la historiografía seria revisar el caso más allá del mito decimonónico de «Galileo mártir de la ciencia»: el proceso fue real, la condena fue real, pero las actas mostraban un cuadro más complejo que la caricatura. La Iglesia no defiende la condena —la revisión formal vendría con Juan Pablo II en 1992— pero la documenta. La transparencia es anterior al arrepentimiento, no al revés.
Un segundo efecto se produjo en septiembre de 2001. Barbara Frale, paleógrafa italiana del Archivo Apostólico Vaticano, redescubrió en el fondo Armadio XXXI el pergamino de Chinon (17-20 agosto 1308), acta de la comisión pontificia que absolvió a los Templarios de la herejía. El documento llevaba en el archivo desde 1308, mal catalogado. Sin la apertura de 1881, su redescubrimiento no habría sido posible: la consulta por historiadores externos era la condición para que una paleógrafa como Frale pudiera trabajar en el fondo. Sin León XIII, sin Chinon moderno. La cadena documental que sostiene el artículo sobre el pergamino de Chinon en esta misma Biblioteca pasa por la decisión leonina de 1881.
La apertura del Archivo debe leerse junto con la reorganización de la Specola Vaticana (observatorio astronómico) que León XIII ordenó diez años después con la carta Ut Mysticam (14 marzo 1891). La Specola, heredera de la torre de los vientos de Gregorio XIII (1578-1580) y del observatorio del Colegio Romano (1787-1878), quedó reorganizada como observatorio pontificio de astronomía. No es apoyo a la astrología: es apoyo a la astronomía como ciencia natural, que es el sustrato físico de la astrología natural tomista. La Iglesia, con la Specola, decía que la ciencia de los astros es lícita y digna de patrocinio pontificio.
La apertura del Archivo y la reorganización de la Specola son dos caras del mismo gesto leonino. La Iglesia no teme sus documentos. La Iglesia no teme el cielo. La una abre la memoria, el otro abre la observación. Ambas juntas dicen a la modernidad: el catolicismo no es oscurantismo; es tradición que se deja examinar y ciencia que se deja cultivar. La Iglesia como preservadora de conocimiento encuentra en León XIII a su restaurador moderno.
- 1 mayo 1881: León XIII ordena la apertura del Archivo Secreto Vaticano a historiadores. Cerrado al público desde Pablo V (1612). 269 años de clausura.
- Volumen: +800 fondos documentales, siglos VIII al XX, 85 kilómetros lineales de estanterías.
- 1887: la Santa Sede publica las actas del proceso de Galileo (1633). La transparencia es anterior al arrepentimiento (que vendrá en 1992 con Juan Pablo II), no al revés.
- Septiembre 2001: Barbara Frale redescubre el pergamino de Chinon (1308) en el fondo Armadio XXXI. Sin la apertura de 1881, sin Chinon moderno. La cadena documental de esta Biblioteca pasa por León XIII.
- 14 marzo 1891: carta Ut Mysticam reorganiza la Specola Vaticana. No apoyo a la astrología: apoyo a la astronomía como ciencia natural. Sustrato físico de la astrología natural tomista.
- Iglesia como preservadora: la Iglesia como preservadora de conocimiento (archivos, observatorios) encuentra en León XIII a su restaurador moderno.
VII.Libertas, Immortale Dei, Diuturnum: la libertad y el Estado bajo la ley moral
Entre 1881 y 1888, León XIII publicó cinco encíclicas sobre las relaciones entre la Iglesia y el Estado y sobre la naturaleza de la libertad. Las tres centrales son Diuturnum illud (29 junio 1881, sobre el origen del poder civil), Immortale Dei (1 noviembre 1885, sobre la constitución cristiana de los Estados) y Libertas Praestantissimum (20 junio 1888, sobre la naturaleza de la libertad humana). Las tres articulan la doctrina política leonina sobre un principio único: la libertad humana y el poder civil están ambos bajo la ley moral, no por encima de ella.
Diuturnum illud fija la doctrina del origen del poder civil. Contra el contractualismo moderno (Rousseau, Kant), León XIII afirma que el poder civil viene de Dios, fuente de toda autoridad, pero se ejerce por mediación del pueblo: el pueblo no es fuente del poder, es sujeto que lo confiere. El Estado no es producto de un pacto arbitrario, sino de la naturaleza social del hombre. La obediencia al poder legítimo es deber moral, no cálculo utilitarista. Cuando el poder se vuelve tiránico, el derecho de resistencia es doctrina tradicional de la Iglesia (escolásticos españoles del siglo XVI: Vitoria, Suárez, Mariana), pero la Iglesia no legitima la rebelión sin más: la condiciona a la tiranía manifiesta y a la ausencia de remedios legales.
Immortale Dei fija la doctrina de la constitución cristiana del Estado. El Estado no es confesional por imposición clerical, sino por corresponder a la verdad sobre Dios y el hombre. La falsedad del Estado laico neutro consiste en fingir que la indiferencia ante la verdad religiosa es neutralidad, cuando en realidad es posición: negar a Dios como fundamento del orden público es tomar partido por el ateísmo práctico. La Iglesia no impone la confesionalidad por la fuerza: la defiende como correspondencia del Estado con la verdad. Esta doctrina, aplicada al caso español, fundamenta la confesionalidad de los reinos hispánicos desde Recaredo (587) hasta 1978, como se documenta en el artículo sobre el triunvirato hispánico de esta misma Biblioteca.
Libertas Praestantissimum fija la doctrina de la libertad. Es la encíclica más sistemática y la que articula con más precisión el método leonino de distinguir, no disolver. La libertad no es unívoca: hay libertad como autodeterminación ordenada al bien (libertad verdadera, lícita, derecho natural) y libertad como indiferencia ante la verdad (libertad falsa, condenada, fundamento del liberalismo moderno). La primera es la libertad del hombre que conoce el bien y lo elige; la segunda es la libertad del hombre que finge que el bien y el mal son convenciones y se atribuye el derecho de redefinirlos. León XIII no condena la libertad política: condena el liberalismo filosófico que hace de la indiferencia ante la verdad el principio del orden público.
El legado de las tres encíclicas es la doctrina política que Juan Pablo II, en Centesimus Annus (1991, nº 44-46), recogería como fundamento de la democracia católica: la democracia es legítima cuando reconoce la ley moral objetiva como límite del consenso mayoritario; es ilegítima cuando reduce la ley al consenso. La democracia no es valor absoluto: es forma de gobierno que vale lo que valga la ley moral que la limita. León XIII lo dijo en 1885; Juan Pablo II lo repitió en 1991. La doctrina no cambió.
- Diuturnum illud (29 junio 1881): el poder civil viene de Dios, fuente de toda autoridad, y se ejerce por mediación del pueblo. El Estado no es pacto arbitrario; la obediencia al poder legítimo es deber moral.
- Immortale Dei (1 noviembre 1885): la constitución cristiana del Estado no es imposición clerical, es correspondencia del Estado con la verdad. La falsedad del Estado laico neutro es fingir neutralidad donde hay posición.
- Libertas Praestantissimum (20 junio 1888): la libertad como autodeterminación al bien es lícita (derecho natural); la libertad como indiferencia ante la verdad es condenada. No condena la libertad política: condena el liberalismo filosófico.
- Doctrina española: la confesionalidad hispánica desde Recaredo (587) hasta 1978 se fundamenta en esta correspondencia del Estado con la verdad (artículo sobre el triunvirato hispánico, esta Biblioteca).
- Legado: Juan Pablo II la recoge en Centesimus Annus (1991, nº 44-46). La democracia vale lo que vale la ley moral que la limita. León XIII en 1885; Juan Pablo II en 1991. La doctrina no cambió.
La libertad, la más excelente de los bienes naturales, no es facultad de hacer lo que se quiere, sino facultad de hacer lo que se debe; y el Estado que la reduce a indiferencia ante la verdad no la libera, la disuelve.
Libertad ordenada al bien (lícita)
- PrincipioEl hombre conoce el bien y lo elige. La libertad es autodeterminación al verdadero bien.
- OrigenDerecho natural. La voluntad ordenada al bien es la libertad verdadera.
- PolíticaEl Estado reconoce la libertad como ejercicio del deber, no como indiferencia.
- DoctrinaCoherente con Tomás, Summa I, q.83, a.1: libre albedrío como acto de la voluntad movida por la razón.
Libertad como indiferencia (condenada)
- PrincipioEl hombre finge que bien y mal son convenciones y se atribuye el derecho de redefinirlos.
- OrigenLiberalismo filosófico moderno. La indiferencia ante la verdad como fundamento del orden público.
- PolíticaEl Estado laico neutro finge neutralidad; en realidad toma partido por el ateísmo práctico.
- DoctrinaCondenado por León XIII en Libertas Praestantissimum (20 junio 1888).
VIII.Humanum Genus (1884) y Testem Benevolentiae (1899): las condenas y sus límites
La sinceridad exige que un artículo sobre León XIII no oculte sus sombras documentables. La verdad por encima de la polémica: si el sujeto tiene límites, se documentan. Dos textos del pontificado leonino los tienen: Humanum Genus (20 abril 1884), contra la masonería, y Testem Benevolentiae (22 enero 1899), contra el «americanismo». En ambos, el acierto doctrinal convive con un tono y un encuadre que la historiografía seria ha matizado. Documentar ambas cosas —aciertos y límites— no es demérito del papa: es honestidad.
Humanum Genus aplica a la masonería el marco agustiniano de las dos ciudades: la ciudad de Dios y la ciudad del demonio, con la masonería situada en la segunda. El acierto: la masonería del siglo XIX era un actor real, organizado, con presencia documentada en política anticlerical (Italia, Francia, México, Brasil), y su doctrina deísta y naturalista era incompatible con el catolicismo. La condena era doctrinalmente correcta. El límite: la encíclica adopta el género retórico de la «conspiración universal», heredero de Barruel (1797) y de la literatura antimasona del siglo XIX, que hoy suena excesivo. No porque la masonería no existiera (existía), sino porque el género conspiracionista sobredimensiona la coordinación y la intención, y proyecta sobre la masonería un proyecto unitario que la historiografía posterior (Margiotta Broglio, Jacob) ha mostrado más fragmentado. El papa acertó en lo doctrinal; el tono hoy se lee excesivo.
Testem Benevolentiae condena el «americanismo», herejía atribuida al catolicismo estadounidense representado por el padre Hecker (fundador de los Paulistas, 1858) y defendida en Francia por el abbé Félix Klein en la traducción de la biografía de Hecker (1898). El acierto: la condena doctrinal sobre los tres puntos identificados por León XIII (la dirección interior del Espíritu Santo sin mediación eclesial, la minimización de los votos religiosos, la adaptación excesiva del dogma al temperamento moderno) era teológicamente correcta. El límite: el «americanismo» condenado fue en parte un fantasma francés. Hecker no sostenía las tesis que Klein le atribuía; la supuesta herejía era una construcción del debate intrafrancés entre católicos liberales (Klein, Fogazzaro) y ultramontanos. El cardenal James Gibbons, arzobispo de Baltimore, respondió al papa con carta del 22 de marzo de 1899 declarando que ningún católico estadounidense sostenía las tesis condenadas. La Santa Sede aceptó la respuesta y el asunto se cerró sin condena personal.
La sinceridad exige decir ambas cosas: León XIII acertó en lo doctrinal en ambos casos y se equivocó en el encuadre en ambos casos. Humanum Genus acertó al condenar la masonería y sobredimensionó el género conspiracionista. Testem Benevolentiae acertó al condenar las tres tesis y fabricó parcialmente su objeto. Esto no es demérito del papa: es aplicación del método histórico-crítico a un magisterio que, como todo magisterio humano, se ejerce en condiciones históricas concretas. La infalibilidad pontificia, definida por Pío IX en 1870, no cubre el género retórico ni el encuadre historiográfico: cubre la verdad doctrinal solemnemente definida. En Humanum Genus y en Testem Benevolentiae, lo doctrinal es verdadero; lo retórico es de su tiempo.
La infalibilidad pontificia, definida por Pío IX en el Concilio Vaticano I (1870), cubre la verdad doctrinal solemnemente definida, no el género retórico ni el encuadre historiográfico. En Humanum Genus y en Testem Benevolentiae, lo doctrinal es verdadero; lo retórico es de su tiempo.
- Humanum Genus (20 abril 1884): condena de la masonería con marco agustiniano de las dos ciudades. Acierto: la masonería era actor real, organizado, anticlerical. Límite: el género retórico «conspiración universal» (Barruel 1797) sobredimensiona la coordinación. La historiografía (Margiotta Broglio, Jacob) muestra una masonería más fragmentada.
- Testem Benevolentiae (22 enero 1899): condena del «americanismo» atribuido al padre Hecker y al abbé Klein. Acierto: las tres tesis condenadas eran teológicamente erróneas. Límite: el «americanismo» fue en parte un fantasma francés. El cardenal Gibbons respondió el 22 marzo 1899 negando que ningún católico estadounidense sostuviera las tesis. La Santa Sede aceptó.
- Método: la sinceridad aplicada al propio sujeto no es demérito: es honestidad. La infalibilidad cubre lo doctrinal, no lo retórico.
- Límite de la infalibilidad: la infalibilidad pontificia (Vaticano I, 1870) cubre la verdad doctrinal solemnemente definida, no el género retórico ni el encuadre historiográfico. Lo doctrinal de ambas encíclicas es verdadero; lo retórico es de su tiempo.
IX.León XIII y los judíos: balance de un silencio magisterial
León XIII es papa preconciliar. Ocupa la Silla de Pedro entre 1878 y 1903, en el periodo exacto en que nace el antisemitismo político moderno. Su pontificado se desenvuelve en los años de los pogromos rusos de 1881-82, del La France juive de Drumont (1886), de la Liga Antisemita de Francia (1889), del affaire Dreyfus (1894-1906). La posición preconciliar de la Iglesia sobre los judíos se documenta cuando toca, sin mitigar y sin esconder, porque es la realidad histórica. Toca, pues, documentar lo que el magisterio leonino dijo —y lo que calló—.
El hallazgo principal es de severidad alta. La lista canónica de las ochenta y ocho encíclicas de León XIII, verificada contra vatican.va/leo-xiii/ y contra la lista basada en Acta Sanctae Sedis, no contiene ningún documento cuyo tema sean los judíos. En veinticinco años de pontificado, en el periodo en que nace el antisemitismo político moderno (Drumont, La France juive, 1886; Liga Antisemita de Francia, 1889; La Libre Parole, 1892; pogromos rusos de 1881-82; affaire Dreyfus, 1894-1906), el magisterio leonino no emitió encíclica sobre los judíos. La omisión es un dato.
La única mención directa del magisterio leonino sobre los judíos está en Providentissimus Deus (18 noviembre 1893), encíclica sobre el estudio de la Sagrada Escritura. En un pasaje que sitúa a los judíos en la categoría teológica tradicional de «obstinación» —categoría heredada de los Padres y de la escolástica—, sin aggiornamento al nuevo problema del antisemitismo político moderno.
El silencio ante los pogromos rusos de 1881-82 (Elisabethgrad, Kiev, Odessa, Varsovia, Balta) es el primer dato negativo. Las leyes de mayo de 1882 restringieron los derechos civiles de los judíos en el Imperio Ruso. Ninguna condena papal pública documentada. El silencio ante Édouard Drumont, cuyo La France juive (1886) vendió cien mil ejemplares en su primer año, es el segundo dato negativo. El silencio ante la prensa católica antijudía es el tercero y más grave: La Civiltà Cattolica, revista de los jesuitas romanos fundada en 1850 y revisada por la Secretaría de Estado vaticana, publicó artículos antijudíos documentados en este periodo; La Croix, cotidiano de los asuncionistas franceses fundado en 1880, se autodenominó «el periódico más antijudío de Francia». No es lo mismo callar ante Drumont (no católico) que callar ante La Croix (católica). El segundo silencio es más grave que el primero.
El ralliement francés, proclamado en Au milieu des sollicitudes (16 febrero 1892), buscó indirectamente contener el antisemitismo católico francés pidiendo a los católicos aceptar la República. El éxito fue parcial: durante dos años (1892-1894) la prensa católica moderó parcialmente su tono. Pero el affaire Dreyfus (octubre 1894) reactivó el antijudaísmo católico francés: La Croix publicó artículos favorables a la condena del capitán Dreyfus durante todo el periodo 1894-1898. J'accuse…! de Zola (13 enero 1898) no cambió la línea del cotidiano asuncionista. León XIII murió el 20 de julio de 1903, antes de la anulación del consejo de guerra de Rennes (julio 1904) y de la rehabilitación definitiva de Dreyfus (julio 1906).
La categoría correcta de evaluación es la del siglo XIX, no la del siglo XX ni la del XIII. La Summa Theologica II-II, q.10, a.8, ad 2um, que León XIII había rehabilitado con Æterni Patris (1879), sostiene la doctrina del «testigo» agustiniano-tomista: los judíos, que recibieron a Cristo, están destinados a servidumbre perpetua —no por raza, sino por teología— y deben ser preservados (no matados) como testigos de la verdad cristiana. Esta doctrina no es racial (categoría que no existe en el siglo XIII ni en el XIX eclesial): es teológica y política. León XIII no la inventó; la heredó. Pero tampoco la abordó explícitamente en documento magisterial, ni la matizó ante el nuevo problema del antisemitismo político.
El balance honesto es el siguiente. Fortalezas documentadas: León XIII no entró en la categoría racial (la única mención, en Providentissimus Deus 1893, es teológica, no racial); no restauró el gueto romano (los muros habían sido derribados por las tropas italianas en 1848 y 1870, y el papa no controlaba Roma para hacerlo); mantuvo la doctrina del testigo, que implica preservar (no matar) a los judíos. Debilidades documentadas con severidad: ninguna encíclica sobre los judíos en 25 años de pontificado [Alta]; silencio ante los pogromos rusos de 1881-82 [Alta]; silencio ante La Croix y La Civiltà Cattolica [Alta]; silencio ante el affaire Dreyfus (1894-1903) [Alta]; mantenimiento de la categoría teológica del judío como obstinado sin matización [Media]; falta de distinción explícita entre anti-judaísmo teológico y antisemitismo racial en documento magisterial [Media].
La distinción entre anti-judaísmo teológico (categoría preconciliar, heredada de los Padres y de la Summa) y antisemitismo racial (categoría del siglo XIX político, codificada por Gobineau, Chamberlain, Drumont) es la que el Vaticano formularía formalmente en We Remember: A Reflection on the Shoah (1998), reconociendo el primero y condenando el segundo. León XIII no formuló la distinción en documento magisterial. La historiografía seria (Kertzer, The Popes Against the Jews, 2001; Cambridge History of the Papacy, cap. 30) sostiene que las actitudes papales hacia los judíos se endurecieron a lo largo del siglo XIX a medida que los papas asociaban a los judíos emancipados con el liberalismo, la masonería y el socialismo. La categoría correcta de evaluación —siglo XIX, papa despojado del Estado, judío emancipado asociado al liberalismo— arroja un balance de endurecimiento preconciliar, no de apertura.
La Iglesia no mintió nunca. La Iglesia no condenó a los judíos por raza. Pero la Iglesia, en el pontificado de León XIII, calló cuando el antisemitismo político moderno nacía, y calló ante la prensa católica que lo alimentaba. Documentar este silencio sin mitigar y sin proyectar categorías del siglo XX es la única forma honesta de escribir la historia. La Iglesia es Madre y Maestra: también cuando calla, lo que calla es un dato.
- Omisión magisterial: la lista canónica de 88 encíclicas de León XIII no contiene ningún documento sobre los judíos. 25 años de pontificado en el periodo en que nace el antisemitismo político moderno. La omisión es un dato.
- Única mención directa: Providentissimus Deus (18 noviembre 1893), «ad Iudaeorum obstinationem uincendam». Categoría teológica tradicional del judío como obstinado, sin aggiornamiento al nuevo problema.
- Silencios documentados con severidad: pogromos rusos 1881-82 [Alta]; La Croix y La Civiltà Cattolica [Alta]; affaire Dreyfus 1894-1903 [Alta]; ninguna encíclica sobre los judíos [Alta].
- Fortalezas: no entró en la categoría racial; no restauró el gueto romano (no pudo, los muros cayeron en 1848 y 1870); mantuvo la doctrina del testigo agustiniano-tomista, que implica preservar (no matar) a los judíos.
- Categoría de evaluación: siglo XIX (papa despojado del Estado, judío emancipado asociado al liberalismo), no siglo XX ni siglo XIII. Balance: endurecimiento preconciliar, no apertura. La distinción anti-judaísmo teológico / antisemitismo racial sería formulada por el Vaticano en We Remember (1998).
- Doctrina heredada: Summa II-II, q.10, a.8, ad 2um (judíos como testigos, no matar, subordinación teológica). León XIII no la inventó; la rehabitó con Æterni Patris (1879). Tampoco la matizó ante el nuevo problema.
✦✦«ad Iudaeorum obstinationem uincendam, ac haereticae prauitatis erumpentis tumorem comprimendum…»
para vencer la obstinación de los judíos y comprimir el tumor de la herejía irruptente…
León XIII, Providentissimus Deus (18 noviembre 1893). Texto en vatican.va/content/leo-xiii/en/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_18111893_providentissimus-deus.html
X.León XIII y la astrología: el papa que rehabitó el marco doctrinal tomista
La distinción tomista entre astrología natural (lícita, basada en causas físicas observables) y astrología judiciaria (condenada, por pretender predecir actos libres) no es una opinión aislada. Es la herencia de una cadena doctrinal verificable, y esa cadena pasa por León XIII. Sin el eslabón leonino, la cadena se rompe: la distinción de Tomás habría seguido existiendo en los manuales, pero no como marco vivo. Sin León XIII, la distinción habría que reconstruirla contra la práctica pastoral del siglo XIX, no heredarla dentro de la corriente doctrinal del catolicismo moderno.
La primera cosa que la sinceridad exige declarar es esta: León XIII no escribió ninguna encíclica sobre astrología. La lista canónica de las ochenta y ocho encíclicas, verificada contra vatican.va/leo-xiii/ y contra Acta Sanctae Sedis, no contiene ningún documento cuyo tema sea la astrología. Las encíclicas que podrían haber tocado el tema —Humanum Genus (1884, contra la masonería, que condena el esoterismo), Providentissimus Deus (1893, sobre la Escritura, que aborda las relaciones entre Biblia y ciencia física)— no mencionan la astrología directamente. La contribución de León XIII a la cuestión astrológica es real, indirecta, y de una importancia que la omisión aparente no debe ocultar.
El acto leonino que rehabitó el marco doctrinal es Æterni Patris (4 agosto 1879). Al ordenar la lectura de santo Tomás en los seminarios, León XIII puso de vuelta en circulación la Summa Theologica II-II, cuestión 95, artículo 5, titulado «Si la adivinación por las estrellas es ilícita». Ese texto fija la tripartición canónica que es base doctrinal de la posición católica sobre la astrología: astrología judiciaria estricta (condenada: predicción de actos libres, niega el libre albedrío, pecado contra la fe); astrología de inclinaciones (lícita con cautela: los astros inclinan el cuerpo, el cuerpo inclina las pasiones, las pasiones inclinan la voluntad, pero la voluntad no está determinada); astrología natural pura (ciencia: estudio de la influencia física celeste sobre los cuerpos sublunares, incluye astronomía, meteorología, medicina astrológica, navegación, agricultura). La fórmula sapiens dominabitur astris —el sabio se levantará sobre las estrellas—, que C. S. Lewis recordaba como «la posición ortodoxa» en carta a Dorothy L. Sayers (1957), sintetiza la doctrina: el sabio no es arrastrado por las inclinaciones astrales; las conoce y las gobierna.
La cadena doctrinal es verificable en cada eslabón. Agustín de Hipona (h. 426), De ciuitate Dei V, caps. 1-7: origen patrístico. Refuta la astrología judiciaria con el argumento de los gemelos (Esaú y Jacob, nacidos bajo los mismos astros, destinos opuestos). Admite influencia física celeste. Germen de la distinción. Tomás de Aquino (h. 1270), Summa II-II q.95 a.5 y carta De iudiciis astrorum a Reginaldo de Piperno: codificación canónica. Tripartición. Fórmula sapiens dominabitur astris. Sixto V (1586), bula Coeli et terrae: tensión. Amenazó con prohibir toda astrología, incluida la natural útil para medicina, agricultura y navegación. El cardenal Bellarmino la reconstruyó limitando su alcance a la judiciaria. León XIII (1879), Æterni Patris: rehabitación del marco. No menciona la astrología, pero al ordenar leer a Tomás, rehabitó la Summa II-II q.95 a.5 como doctrina viva, no como fósil. Neotomismo (siglo XX): Maritain, Gilson, Garrigou-Lagrange, Chenu, Congar (primera formación). Se forman en la casa leonina. Mantiene la distinción accesible al siglo XX.
La coherencia con la condena del ocultismo es la frontera que fija el lado católico. Humanum Genus (20 abril 1884), al condenar la masonería, condena también el esoterismo del siglo XIX: Eliphas Lévi (m. 1875), Papus (auge en los 1890), la teosofía de Blavatsky (1875). La astrología que estos ocultistas practicaban era judiciaria, no natural: adivinación, no ciencia. La condena los coloca del lado reprobado. La astrología natural tomista queda del lado católico. León XIII, sin escribir sobre astrología, trazó la frontera que la distingue del ocultismo.
La Specola Vaticana, reorganizada por León XIII con la carta Ut Mysticam (14 marzo 1891), confirma el dato. El papa que rehabitó el tomismo es el mismo que rehabitó el observatorio astronómico pontificio. No es apoyo a la astrología: es apoyo a la astronomía como ciencia natural lícita y digna de patrocinio pontificio. La astronomía es el sustrato físico de la astrología natural tomista. Sin ciencia astronómica, no hay astrología natural que distinguir de la judiciaria.
La limitación es real y se declara con sinceridad. León XIII no escribió sobre astrología. La conexión es de habilitación de marco, no de pronunciamiento directo. Æterni Patris no cita la Summa II-II q.95. La Specola es astronomy, no astrology. Decir esto no debilita el puente: lo precisa. La conexión no requiere que León XIII aprobara la astrología; requiere que el marco doctrinal que sostiene la distinción estuviera accesible. Lo estuvo, gracias a él. Sin el eslabón leonino, la distinción sería reconstrucción; con él, es herencia.
- Verdad primera: León XIII no escribió ninguna encíclica sobre astrología. Lista canónica de 88 encíclicas verificada contra vatican.va. La contribución es indirecta.
- Acto leonino: Æterni Patris (4 agosto 1879) rehabitó el tomismo. La Summa II-II q.95 a.5, que fija la tripartición (judiciaria condenada, inclinaciones lícita con cautela, natural pura como ciencia), quedó de vuelta en circulación como doctrina viva.
- Cadena doctrinal: Agustén (De ciuitate Dei V, h. 426, argumento de los gemelos) → Tomás (Summa II-II q.95 a.5 y De iudiciis astrorum, h. 1270) → Sixto V (bula Coeli et terrae 1586, tensión reconstruida por Bellarmino) → León XIII (Æterni Patris 1879, rehabitación) → neotomismo (Maritain, Gilson, Garrigou-Lagrange, siglo XX).
- Fórmula canónica: sapiens dominabitur astris — el sabio se levanta sobre las estrellas. C. S. Lewis la recordaba como «la posición ortodoxa» en carta a Dorothy L. Sayers (1957).
- Frontera con el ocultismo: Humanum Genus (1884) condena el esoterismo de Eliphas Lévi y Papus. La astrología judiciaria de los ocultistas cae del lado condenado; la astrología natural tomista queda del lado católico.
- Specola Vaticana (1891): Ut Mysticam reorganiza el observatorio astronómico. No apoyo a la astrología: apoyo a la astronomía como ciencia natural, sustrato físico de la astrología natural tomista.
- Limitación declarada: la conexión es de habilitación de marco, no de pronunciamiento directo. Æterni Patris no cita la Summa II-II q.95. La Specola es astronomy, no astrology. La conexión no requiere aprobación leonina explícita; requiere acceso al marco. Lo hubo.
✦✦«Ad obseruationem ergo astrorum duplex potest haberi modus. Uno modo, ut ex astris cognoscantur futura euenta, uel simpliciter, vel in maiore parte. Alio modo, ut ex astris cognoscantur inclinationes hominum ad futuros euentus, uel dispositiones corporum ad huiusmodi passiones… Primum igitur modum obseruandi astra reprobat Ecclesia… Secundus modus non habet illicitudinem, si omnino hoc fiat, quod Philosophus docet.»
Para la observación de las estrellas puede haber dos modos. Uno, para conocer por las estrellas los futuros eventos, o sin más, o en su mayor parte. Otro, para conocer por las estrellas las inclinaciones de los hombres a futuros eventos, o las disposiciones de los cuerpos a tales pasiones… El primer modo de observar las estrellas lo reprueba la Iglesia… El segundo modo no es ilícito, si se hace del todo como enseña el Filósofo [Aristóteles].
Tomás de Aquino, Summa Theologica II-II, q.95, a.5. Edición Benziger Bros., 1947, trad. Fathers of the English Dominican Province. Texto en newadvent.org/summa/3095.htm
XI.El Papa del Rosario y la consagración al Sagrado Corazón (1899)
El programa devocional de León XIII es la condición pastoral del programa doctrinal. Un pontificado que solo hubiera restaurado el tomismo, publicado Rerum Nouarum y abierto el Archivo Vaticano habría sido un pontificado de élite. La devoción lo llevó a los fieles. La devoción no es adorno del magisterio: es su condición de recepción. Sin Rosario, sin Sagrado Corazón, sin la piedad popular que León XIII promovió, el tomismo no habría salido de los seminarios.
La serie de doce encíclicas sobre el Rosario, publicadas entre 1883 y 1898, es un caso sin paralelo en el magisterio pontificio. Ningún papa, antes ni después, dedicó doce encíclicas a una sola devoción. La primera fue Supremi Apostolatus Officio (1 septiembre 1883), que consagró el mes de octubre al Rosario y recomendó su rezo en todas las parroquias. Las once siguientes, una por año hasta Diuturni temporis spatium (5 septiembre 1898), desarrollaron los misterios, las indulgencias, la dimensión mariana y la relación del Rosario con la vida cristiana. La serie no es retórica: es magisterio mariano sostenido que articuló la piedad popular con la doctrina.
La consagración del género humano al Sagrado Corazón de Jesús, proclamada con la encíclica Annum Sacrum (25 mayo 1899) y solemnemente realizada el 11 de junio de 1899, fue llamada por el propio León XIII «el gran acto» de su pontificado. La frase es del papa, no de sus hagiógrafos. La consagración articulaba dos elementos: la devoción al Sagrado Corazón, propagada desde las apariciones a santa Margarita María Alacoque en Paray-le-Monial (1673-1675) y aprobada por la Iglesia desde el siglo XVIII; y la realeza social de Cristo, doctrina que Pío XI codificaría formalmente con Quas Primas (11 diciembre 1925). León XIII une ambos: la devoción al Sagrado Corazón como acto personal y la consagración del género humano como acto social. La realeza de Cristo sobre los pueblos, no solo sobre las almas.
Un dato material corona el pontificado devocional: en 1896, León XIII fue el primer papa filmado de la historia. W. K. Laurie Dickson, ingeniero del laboratorio Biograph, filmó al papa de ochenta y seis años en los jardines del Vaticano. La película, conservada en la Biblioteca del Congreso de Washington, muestra al papa caminando, leyendo y bendiciendo la cámara. No es un dato menor: la Iglesia, con León XIII, entró en la modernidad técnica sin renunciar a su tradición. El papa que restauró el tomismo y consagró el mundo al Sagrado Corazón es también el primer papa que vio una cámara y la bendijo.
La recepción del programa devocional fue masiva. Los Círculos Católicos de Obreros españoles, fundados en Valencia en 1893 tras Rerum Nouarum, se pusieron bajo el patrocinio del Sagrado Corazón. La revista El Mensajero del Corazón de Jesús, dirigida por el padre Antonio Vicent SJ desde 1879, fue uno de los principales vehículos de la devoción en el mundo hispánico hasta la guerra civil de 1936. La Acción Católica Popular, heredera de los Círculos, adoptó el Rosario como oración cotidiana. El programa devocional leonino no fue recibido en abstracto: encarnó en prácticas concretas en comunidades concretas, especialmente en España e Italia.
El legado es este: la doctrina sin devoción no llega; la devoción sin doctrina no se sostiene. León XIII articuló ambas. El tomismo dio el fundamento; Rerum Nouarum dio la doctrina social; el Rosario y el Sagrado Corazón dieron la piedad. Sin las tres cosas juntas, el programa leonino no habría rearmado a la Iglesia. El papa que firmó Æterni Patris en 1879 es el mismo que firmó Annum Sacrum en 1899. La coherencia es total.
- 12 encíclicas sobre el Rosario (1883–1898): caso sin paralelo en el magisterio pontificio. Ningún papa, antes ni después, dedicó 12 encíclicas a una sola devoción. Primera: Supremi Apostolatus Officio (1 septiembre 1883), consagra octubre al Rosario.
- Consagración al Sagrado Corazón (1899): encíclica Annum Sacrum (25 mayo 1899), solemnidad el 11 junio 1899. El propio León XIII la llamó «el gran acto» de su pontificado. Une devoción personal y realeza social de Cristo (que Pío XI codificará en Quas Primas, 1925).
- Primer papa filmado (1896): W. K. Laurie Dickson (Biograph) filmó a León XIII, 86 años, en los jardines del Vaticano. Película conservada en la Biblioteca del Congreso de Washington. La Iglesia entra en la modernidad técnica sin renunciar a la tradición.
- Recepción hispánica: Círculos Católicos de Obreros de Valencia (1893) bajo el patrocinio del Sagrado Corazón. El Mensajero del Corazón de Jesús (padre Antonio Vicent SJ, 1879). Acción Católica Popular con el Rosario como oración cotidiana.
- Legado: la doctrina sin devoción no llega; la devoción sin doctrina no se sostiene. León XIII articuló ambas. El papa que firmó Æterni Patris en 1879 es el mismo que firmó Annum Sacrum en 1899. Coherencia total.
XII.Cronología
XIII.Fuentes y bibliografía
- León XIII, Æterni Patris (4 agosto 1879). vatican.va/content/leo-xiii/la/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_04081879_aeterni-patris.html
- León XIII, Diuturnum illud (29 junio 1881). vatican.va/content/leo-xiii/en/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_29061881_diuturnum.html
- León XIII, Humanum Genus (20 abril 1884). vatican.va/content/leo-xiii/en/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_18840420_humanum-genus.html
- León XIII, Immortale Dei (1 noviembre 1885). vatican.va/content/leo-xiii/en/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_01111885_immortale-dei.html
- León XIII, Libertas Praestantissimum (20 junio 1888). vatican.va/content/leo-xiii/en/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_20061888_libertas.html
- León XIII, Rerum Nouarum (15 mayo 1891). vatican.va/content/leo-xiii/la/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html
- León XIII, Ut Mysticam (14 marzo 1891), carta sobre la reorganización de la Specola Vaticana.
- León XIII, Providentissimus Deus (18 noviembre 1893). vatican.va/content/leo-xiii/en/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_18111893_providentissimus-deus.html
- León XIII, Au milieu des sollicitudes (16 febrero 1892). Encíclica del ralliement a la República francesa.
- León XIII, Testem Benevolentiae (22 enero 1899). Carta apostólica al cardenal James Gibbons, arzobispo de Baltimore, sobre el «americanismo».
- León XIII, Annum Sacrum (25 mayo 1899). Consagración del género humano al Sagrado Corazón.
- León XIII, Supremi Apostolatus Officio (1 septiembre 1883). Primera de las 12 encíclicas sobre el Rosario.
- Tomás de Aquino, Summa Theologica II-II, q.95, a.5 «Si la adivinación por las estrellas es ilícita». Edición Benziger Bros., 1947, trad. Fathers of the English Dominican Province. newadvent.org/summa/3095.htm
- Tomás de Aquino, De iudiciis astrorum (carta a Reginaldo de Piperno).
- Agustín de Hipona, De ciuitate Dei V, caps. 1-7 (h. 426). Ed. B. Dombart y A. Kalb, CCSL 47-48, Brepols, 1955. newadvent.org/fathers/120105.htm
XIV.Preguntas frecuentes
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