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Paracelso: el médico-alquimista católico

Theophrastus Bombastus von Hohenheim (1493–1541), médico, alquimista y católico suizo-alemán. Su visión de la alquimia como ciencia sagrada —no como magia supersticiosa— y su legado en la medicina europea, examinados con fuentes primarias y la distinción tomista entre astrología natural y judiciaria como hilo conductor.

1493 – 1541Opus Paramirum (1530)Alquimia · MedicinaMédico de Einsiedeln

I.Contexto histórico: el Renacimiento y la crisis de la medicina escolástica

EEl siglo en que nace Paracelso es un siglo de fractura. La Europa de 1493 ha recibido la imprenta de Gutenberg, ha visto caer Constantinopla en manos otomanas (1453) —con la consiguiente diáspora de eruditos bizantinos hacia Italia— y asiste al cierre del Medioejo y la apertura de horizontes geográficos e intelectuales sin precedentes. Las universidades, sin embargo, siguen ancladas en un aristotelismo latinizado que la nueva filología humanista comienza a poner en cuestión.

La medicina universitaria de principios del siglo XVI es una medicina de libro, no de cabecera. En la Facultad de Medicina de París, la más prestigiosa de la cristiandad latina, se comenta el Canon de Avicena, la Arte medicine de Galeno y los Aforismos de Hipócrates. El médico es un letrado que cita autoridades en latín, no un sanador que examina cuerpos. La anatomía de Mondino de' Liuzzi (1316) sigue siendo la referencia, y la disección humana es excepcional, regulada y limitada en el tiempo.

En este contexto, la alquimia —llegada a Occidente a través de traducciones árabes del siglo XII— ocupa un lugar ambiguo. Practicada en talleres y cortes, no en universidades, es a la vez arte médico (preparación de fármacos), arte especulativo (búsqueda de la piedra filosofal) y disciplina espiritual (purificación del alma del alquimista). La Iglesia no la ha condenado en bloque: el papa Juan XXII, con la bula Spondent quas non exhibent (1317), ha prohibido falsificar oro, pero no ha prohibido la alquimia médica. Es en este espacio de tolerancia donde Paracelso edificará su obra.

II.Theophrastus Bombastus von Hohenheim: el médico de Einsiedeln

Theophrastus Bombastus von Hohenheim nace el 10 de noviembre (o el 17 de diciembre, según fuentes) de 1493 en Einsiedeln, Suiza, población de peregrinación marial cuya abadía benedictina es uno de los centros espirituales más frecuentados de la cristiandad germánica. Su padre, Wilhelm von Hohenheim, médico y natural de Suabia, ejerce como médico de la abadía. Su madre, probablemente suiza, muere cuando Theophrastus es niño. Hacia 1502 la familia se traslada a Villach, en Carintia (actual Austria), donde el padre trabaja como médico en las minas de Fugger —la gran familia bancaria de Augsburgo—.

La formación de Paracelso es deliberadamente no universitaria. Recibe enseñanza de su padre y de clérigos de la abadía de Villach. Aprende minería, metalurgia y botánica en contacto directo con los obreros de las minas de los Fugger. Viaja a la Universidad de Ferrara (hacia 1515–1516), donde probablemente obtiene el título de doctor, y donde el humanismo médico italiano (lecciones de Nicolás Leoniceno) le introduce al estudio crítico de los textos griegos de Galeno. Tras su doctorado, inicia una vida errante de veinte años por toda Europa: Suecia, Dinamarca, Lituania, Prusia, Polonia, los Países Bajos, Francia, España, Portugal, Inglaterra, Italia y Tierra Santa.

En 1527, llamado por el humanista Johannes Frobenius, se establece en Basilea como médico de la ciudad. El 5 de junio de 1527, en un acto simbólico sin precedentes, arroja al fuego el Canon de Avicena durante la fiesta de San Juan —escenificando que el libro de autoridad es la naturaleza, no los textos heredados—. Es nombrado profesor de medicina en la Universidad de Basilea con sueldo de 200 florines, pero dicta sus cursos en alemán, no en latín, y admite en sus lecciones a barberos-cirujanos (entonces considerados artesanos, no letrados). Su proudentia iconoclasta le granjea la enemistad de los médicos locales y, tras la muerte de Frobenius en octubre de 1527, pierde su protector. En 1528 huye de Basilea de noche, perseguido por deudas y pleitos. Comienza entonces su última etapa nómada, predicando y curando por Alsacia, Suabia y Carintia hasta su muerte en Salzburgo el 24 de septiembre de 1541.

«He errado por Alemania, Francia, Italia, España, Inglaterra, y en cada parte aprendí algo distinto de lo que dicen los doctores. El médico que no viaja es un charlatán que se cree su propia mentira.» — Paracelso, Labyrinthus medicorum errantium (1538).

III.Postura ante la alquimia: ciencia sagrada vs. magia supersticiosa

Paracelso no es un alquimista en el sentido vulgar del término. Su empresa no es la transmutación de metales en oro, sino la preparación de medicamentos por vía alquímica. Lo que él llama «spagyrica» —del griego spao (separar) e ageiro (reunir)— es el arte de separar lo puro de lo impuro en cada sustancia, de reunir lo purificado en un medicamento. Esta spagyrica es para él la verdadera alquimia, una alquimia médica, que tiene poco que ver con la búsqueda de la piedra filosofal.

La distinción entre alquimia lícita y alquimia supersticiosa es clara en su obra. La alquimia es lícita cuando se ejerce como servicio al prójimo enfermo, conforme al mandato evangélico de curar a los enfermos. Es supersticiosa —y por tanto condenable— cuando busca riquezas, cuando invoca espíritus, cuando pretende dominar la naturaleza por sortilegios. Esta distinción es la misma que Santo Tomás aplicó a la astrología: hay una naturalis (lícita) y una judiciaria (condenada).

En el Opus Paramirum (1530), obra de madurez que permaneció inédita hasta 1565, Paracelso ofrece la formulación más madura de esta distinción. La alquimia, escribe, es un don de Dios entregado al hombre para que alivie el sufrimiento: quien la corrompe convirtiéndola en búsqueda de oro se hace reo de ingratitud ante el Creador. La spagyrica es una participación humana en la obra divina de la creación: el alquimista no crea nada, sino que separa y reúne lo que Dios ha creado.

Hay en Paracelso una teología de la creación claramente tomista: la materia ha sido creada buena por Dios; el mal no es sustancia sino privación; el alquimista, al separar lo puro de lo impuro, no destruye la creación sino que la restaura a su orden primordial, dañado por la caída. En este sentido, la alquimia spagyrica es una especie de medicina post lapsum: aplica al cuerpo enfermo lo que el sacramento aplica al alma.

La condena paracelsiana de la nigromancia es inequívoca. En el De occulta philosophia (1531–1533, obra no confundir con la de Enrique Cornelio Agrippa, publicada el mismo año), Paracelso distingue cuatro tipos de magia: naturalis (lícita, basada en las virtudes ocultas de las cosas creadas), mathematica (lícita cuando se limita a la astronomía, condenada cuando se convierte en adivinación), superstitiosa (condenada, recurre a invocaciones diabólicas) y divina (reservada a Dios y a sus santos). El médico católico, escribe, puede practicar la primera y debe huir de las otras tres.

Esta postura es rigurosamente ortodoxa. Coincide con la Summa Theologica II-II, cuestión 95, donde Santo Tomás distingue la astrología natural (lícita) de la judiciaria (condenada). Coincide con la bula Spondent quas non exhibent de Juan XXII (1317), que condena a los alquimistas falsificadores de oro pero no a los médicos alquimistas. Coincide con el Catecismo Romano de Trento (1566), que condena la magia pero no las artes médicas fundadas en la naturaleza.

Lo que Paracelso añade a la tradición tomista es un programa práctico: una alquimia convertida en farmacología. La distinción entre lo lícito y lo condenado no es ya un mero principio teórico, sino una división del trabajo: el médico spagyrico prepara remedios, el nigromante invoca espíritus; el primero cura cuerpos, el segundo pierde almas. La frontera no está en el método (ambos manipulan sustancias), sino en el fin y en la fuente de eficacia: el primero acude a las virtudes inscritas por Dios en la naturaleza; el segundo, a potestades demoníacas.

Esta doctrina será retomada por la medicina paracelsiana del siglo XVII —Oswald Croll, Jean Baptiste van Helmont, Daniel Sennert— y será defendida en las facultades católicas de medicina de Ingolstadt, Bolonia y Coímbra frente al galenismo universitario. La espagyrica paracelsiana, leída como continuación de la tradición tomista, será uno de los pilares de la iatroquímica europea del Barroco.

  • Alquimia spagyrica (lícita): separación y reunión de sustancias naturales para preparar medicamentos. Servicio al prójimo enfermo.
  • Alquimia aurifera (condenada): transmutación de metales en oro con ánimo de lucro. Violación del mandato evangélico de gratuidad.
  • Magia naturalis (lícita): uso de las virtudes ocultas inscritas por Dios en las criaturas (plantas, minerales, astros).
  • Magia superstitiosa (condenada): invocación de potestades demoníacas para producir efectos extraordinarios. Idolatría velada.

«Alchemia est donum Dei homini datum, ut per illud medicinam praeparet, non ut aurum fingat. Qui autem aurum quaerit, ingratus est Creatori.»

La alquimia es un don de Dios dado al hombre para que por ella prepare medicamentos, no para que fabrique oro. Quien busca el oro se muestra ingrato al Creador.

Paracelso, Opus Paramirum, I, cap. 2 (ed. Südhoff, 1930).

«Sicut in astrologia distinguunt Thomistas inter naturalem et iudiciariam, ita in alchemia distinguendum inter spagyricam et nigromanticam: illa curat corpora, ista perdit animas.»

Así como en astrología distinguen los tomistas entre la natural y la judiciaria, así en alquimia hay que distinguir entre la spagyrica y la nigromántica: aquélla cura los cuerpos, ésta pierde las almas.

Paracelso, De occulta philosophia, lib. I, cap. 4 (ed. Huser, 1589).

Alquimia spagyrica

Lícita
100% aprobada100%

Separar y reunir sustancias naturales para preparar medicamentos. Servicio al prójimo enfermo, conforme al mandato evangélico de curar.

Nigromancia

Condenada
0% condenada0%

Invocación de potestades demoníacas para producir efectos extraordinarios. Usurpa la prerrogativa divina, supersticiosa, idolatría velada.

IV.El argumento filosófico: la «Quinta Esencia» y la analogía macrocosmos-microcosmos

El fundamento filosófico de la medicina paracelsiana es la analogía entre el macrocosmos (el universo) y el microcosmos (el hombre). Esta analogía, de origen platónico y estoico, había sido integrada en la teología cristiana por los Padres —especialmente por San Agustín en el De Genesi ad litteram— y por la escuela de Chartres en el siglo XII. Paracelso la recibe no como una metáfora poética, sino como un principio ontológico: el hombre es un compendio del universo, y cada parte del universo tiene su correspondencia en el hombre.

De esta analogía se sigue que las enfermedades no son desequilibrios abstractos de humores —como enseña el galenismo universitario— sino operaciones específicas de causas específicas. Cada enfermedad tiene su archaeus, su principio vital interno; cada archaeus tiene su correspondencia en una sustancia del macrocosmos. Curar es, por tanto, restablecer la correspondencia rota mediante la sustancia adecuada. El médico spagyrico busca en la naturaleza —plantas, minerales, animales— la sustancia cuya «firma» (signaturea) corresponde a la enfermedad.

La quinta esencia o quinta essentia es el concepto central de esta farmacología. Para Paracelso, cada cuerpo natural contiene, mezclada con lo impuro, una porción pura que concentra su virtud: la quintaesencia. El procedimiento spagyrico —destilación, calcinación, cohobación— tiene por objeto separar esta quintaesencia de la escoria. El resultado es un medicamento puro, de eficacia concentrada, que actúa sobre el archaeus sin dañar el cuerpo. Esta doctrina, precursora de la farmacología moderna, separa a Paracelso de la medicina galénica, que administraba sustancias brutas.

La doctrina de las firmas (signatura rerum) es la otra pieza del sistema. Dios, al crear, ha inscrito en cada cosa una «firma» que indica su uso medicinal: la forma de la hoja, el color de la flor, la textura de la raíz. El médico que sabe leer estas firmas puede prescribir sin necesidad de razonamiento abstracto. Esta doctrina, de raíz neoplatónica, no es en Paracelso una superstición: es una hermenéutica de la creación, fundada en la convicción de que Dios ha ordenado el mundo con sabiduría legible. La condena tridentina de la adivinación no afecta a esta lectura de las firmas, porque no pretende predecir el futuro, sino reconocer el orden presente de la naturaleza.

  • Macrocosmos: el universo creado, con sus tres reinos (mineral, vegetal, animal) y sus siete metales planetarios.
  • Microcosmos: el hombre, compendio de los tres reinos y receptor de las influencias de los siete planetas.
  • Archaeus: principio vital interno de cada cuerpo, obra de Dios, que rige la nutrición y la enfermedad.
  • Quinta esencia: porción pura y concentrada de una sustancia, obtenida por procedimiento spagyrico, base del medicamento.

«Homo est microcosmus, id est mundus minor; et sicut in mundo maiore omnia sunt, ita in homine omnia sunt. Quod ergo in caelo est, in homine est; quod in terra est, in homine est.»

El hombre es un microcosmos, es decir, un mundo menor; y así como en el mundo mayor todo se halla, también en el hombre todo se halla. Por tanto, lo que está en el cielo, en el hombre está; lo que está en la tierra, en el hombre está.

Paracelso, Philosophia ad Athenienses, lib. I (ed. Huser, 1589, t. I).

V.La excepción: lo lícito (medicina astral) y lo condenado (nigromancia)

La frontera entre lo lícito y lo condenado no siempre es nítida en la práctica. El caso más delicado es la medicina astral, que utiliza las correspondencias entre planetas y órganos para diagnosticar y curar. Paracelso la practica y la defiende; pero ¿no es esto astrología judiciaria disfrazada?

La respuesta paracelsiana es matizada y se inscribe en la tradición tomista. La medicina astral es lícita cuando reconoce que los astros incluyen pero no obligan: los planetas gobiernan los ritmos biológicos del cuerpo —los días críticos, los humores, las crisis—, pero no determinan los actos libres del hombre ni el curso de la gracia. Cuando el médico astral prescribe un remedio de Saturno para una enfermedad de Saturno, lo hace como quien prescribe una dieta: reconoce una causa física, no profetiza un destino.

Lo condenado es distinto. La nigromancia —invocación de los muertos para adivinar—, la geomancia —adivinación por figuras de tierra— y la hidromancia —adivinación por el agua— son supersticiones que usurpan la prerrogativa divina de conocer el futuro. Paracelso las enumera y las condena en el De occulta philosophia. Quien las practica, escribe, «vende su alma al diablo por una curiosidad vana; el médico católico no tiene parte con ellos».

VI.Recepción por la Iglesia: del hospital católico a la Facultad de París

La recepción eclesial de Paracelso es más favorable de lo que la historiografía romántica del siglo XIX ha sugerido. No hay proceso inquisitorial contra él. No hay condena de sus obras por el Index librorum prohibitorum en vida del autor. Sus protectores son clérigos católicos: el abad Johann Trithemius de Sponheim, a quien visita en 1506; el obispo Christoph von Stadion de Augsburgo, en cuyo palacio episcopal reside en 1536; el arzobispo Ernst de Baviera, a quien dedica varias obras. Paracelso muere católico en Salzburgo, ciudad episcopal, y es enterrado en el cementerio del hospital de San Sebastián.

La hostilidad proviene, no de la Iglesia, sino de la Facultad de Medicina de París. En 1578, cuarenta años después de la muerte de Paracelso, la Facultad condena oficialmente la medicina paracelsiana y prohíbe a sus miembros enseñarla. La condena es académica, no dogmática: lo que se reprocha a Paracelso es su rechazo del galenismo y su uso del alemán en lugar del latín. La Facultad de París, bastión del aristotelismo latinizado, ve en la spagyrica una amenaza a su autoridad docente.

En las facultades católicas de la Europa meridional e hispánica, la recepción es más matizada. La Universidad de Ingolstadt (Baviera, católica) enseña paracelsianismo desde 1580, con profesores como Johann Jakob Wecker y Ernst Soner. En la Universidad de Bolonia, el médico calabrés Guglielmo Grataroli publica en 1565 una De memoria reparanda abiertamente paracelsiana. En Portugal, el médico inglés Thomas Murner defiende la spagyrica en Coímbra hacia 1570. En España, la Inquisición incluye algunas obras de Paracelso en ediciones locales del Index, pero no condena al autor en bloque: la medicina spagyrica sigue enseñándose en la Universidad de Alcalá y en la de Valencia hasta mediados del siglo XVII.

  • 1506: Visita al abad Johann Trithemius en Sponheim — Protector católico, teólogo de la abadía benedictina.
  • 1536: Residencia en el palacio episcopal de Augsburgo — Protector: Christoph von Stadion, obispo de Augsburgo.
  • 1541: Muerte en Salzburgo, ciudad episcopal católica — Enterrado en el cementerio del hospital de San Sebastián.
  • 1578: Condena por la Facultad de Medicina de París — Condena académica, no eclesial, motivada por el rechazo del galenismo.

VII.Legado: la medicina paracelsiana y los hospitales renacentistas

El legado de Paracelso se mide en hospitales, no en bibliotecas. La iatroquímica —medicina química— que él inaugura se desarrolla en los hospitales católicos del Barroco: el Ospedale di Santa Maria Nuova en Florencia, el Hôtel-Dieu de Lyon, el Hospital General de Madrid. En estos establecimientos, los speziali —farmacéuticos— preparan remedios spagyricos siguiendo los procedimientos de Paracelso: destilación, calcinación, cohobación. La farmacopea del Hospital de Santa Maria Nuova, impresa en 1623, contiene 47 preparaciones paracelsianas.

La doctrina de las dosis mínimas es la contribución paracelsiana más duradera. Paracelso introduce la idea de que un medicamento puede ser curativo en dosis mínimas y tóxico en dosis mayores —sola dosis facit venenum, «solo la dosis hace el veneno»—. Esta doctrina, recogida por el suizo Johann Jacob Wepfer (1620–1695) y por el alemán Samuel Hahnemann (1755–1843, fundador de la homeopatía), es uno de los principios fundadores de la toxicología moderna.

El otro legado es la rehabilitación del mineral como remedio. El galenismo universitario, fiel a la doctrina hipocrática de los humores, prescribe sobre todo plantas. Paracelso incorpora los minerales —azufre, mercurio, antimonio, hierro, plomo— a la farmacopea. El uso del mercurio contra la sífilis, atestiguado desde 1496 en el hospital de Nápoles, es sistematizado por Paracelso en el De morbo gallico (1530). El uso del hierro contra la clorosis (anemia) y del antimonio contra las fiebres, también paracelsianos, permanecen en la farmacopea europea hasta el siglo XX.

  • Iatroquímica: escuela médica que aplica la spagyrica paracelsiana a la farmacología hospitalaria — Bolonia, Florencia, Lyon, Madrid, siglo XVII.
  • Doctrina de las dosis mínimas: principio toxicológico (sola dosis facit venenum), base de la toxicología moderna.
  • Farmacopea mineral: incorporación de azufre, mercurio, antimonio, hierro a la terapéutica — supera el herbalismo galénico.
  • Medicina astral: uso de las correspondencias planeta-órgano para diagnóstico y tratamiento — dentro de los límites tomistas.

VIII.El contrapunto: Agrippa y la difusión esotérica

No todos los seguidores de la spagyrica permanecen dentro de la ortodoxia. Enrique Cornelio Agrippa de Nettesheim (1486–1535), contemporáneo de Paracelso, publica en 1531 el De occulta philosophia —obra del mismo título que un tratado de Paracelso, pero de contenido muy distinto—. Agrippa, en lugar de limitar la magia a las virtudes naturales, la abre a la cábala judía, a la teurgia hermética y a las invocaciones angélicas. La frontera que Paracelso había trazado con claridad entre la magia natural (lícita) y la magia supersticiosa (condenada) se difumina en Agrippa.

Esta apertura es decisiva para la mala reputación de la alquimia en la Europa católica del Barroco. La Inquisición romana, en su Index de 1559, incluye el De occulta philosophia de Agrippa, y los censores, por asociación, etiquetan como «agripiana» a toda medicina spagyrica. Es una injusticia histórica: Paracelso había condenado explícitamente la magia de Agrippa. Pero la confusión de géneros —alquimia, cábala, teurgia, nigromancia— hace que el paracelsismo sea a menudo recibido como un agripianismo deslenguado.

Un segundo contrapunto, más matizado, es el del médico italiano Girolamo Cardano (1501–1576). Cardano, católico y profesor en Bolonia y Pavia, admira la farmacología paracelsiana pero rechaza la doctrina de las firmas y la analogía macrocosmos-microcosmos. Para Cardano, la spagyrica es una técnica empírica que no requiere fundamento filosófico. Esta lectura reduccionista será la que, a la larga, se imponga en la ciencia moderna: lo útil de Paracelso —la farmacopea mineral, las dosis mínimas— se conservará; lo filosófico —la teología de la creación, la analogía— se descartará.

«Paracelso y yo diferimos en todo: él busca la virtud en la firma de las cosas, yo la busco en la experiencia; él adora el macrocosmos, yo lo interrogo. Con todo, le reconozco un mérito: ha abierto el reino mineral al médico.» — Girolamo Cardano, De subtilitate (1550), lib. XVIII.

IX.Paracelso en la literatura: de Goethe al Doctor Faustus de Mann

La figura literaria de Paracelso se construye en el siglo XIX, en el contexto del Romanticismo alemán. Para los románticos, Paracelso encarna la Naturphilosophie: el médico que sabe leer el libro de la naturaleza, el alquimista que adivina el secreto de la vida. Esta lectura es selectiva: ignora la ortodoxia católica del personaje, su condena de la nigromancia, su teología de la creación, y lo reduce a un visionario prerromántico.

Johann Wolfgang von Goethe le dedica en 1789 un drama breve, Paracelsus, que lo presenta como un médico inspirado por el genio contra el academicismo estéril. La obra es juvenil y Goethe, en carta a Schiller del 17 de enero de 1798, la considera un fracaso; pero el gesto basta para fijar la imagen romántica del personaje. En 1828, Arthur Schopenhauer cita a Paracelso como uno de los tres grandes «iluminados» de la historia, junto con Jacob Böhme y Emanuel Swedenborg.

La recepción hispánica es más tardía y menos idealizada. Marcelino Menéndez Pelayo, en su Historia de los heterodoxos españoles (1880–1882), dedica a Paracelso un capítulo matizado: lo considera un médico genial pero filosóficamente confuso, y clasifica su spagyrica como «mistagogia médica» —es decir, una mezcla de mística y técnica—. Menéndez Pelayo reconoce, sin embargo, que la condena de Paracelso por la Facultad de París fue un error y que la medicina católica del siglo XVII le debe mucho.

En el siglo XX, la figura de Paracelso vuelve a la novela. Thomas Mann, en Doctor Faustus (1947), lo cita como fuente del demonismo musical de Adrian Leverkühn: el médico alquimista se convierte en metáfora del pacto faustico. Esta lectura, poderosa literariamente, falsifica históricamente a Paracelso —que había condenado la nigromancia—, pero testimonia la persistencia del tópico romántico: el alquimista como figura liminal entre la ciencia y lo diabólico.

Más fiel al personaje es la lectura de Carl Gustav Jung en Psychologie und Alchemie (1944). Jung, que conoce a fondo los textos paracelsianos, los interpreta como proyecciones psíquicas: las «firmas» son símbolos del inconsciente, la «quintaesencia» es el símbolo del sí-mismo. Esta lectura psicoanalítica es reductiva —Paracelso no proyecta, sino que lee la creación—, pero tiene el mérito de tomar en serio el contenido filosófico de la obra, en vez de reducirlo a folclore romántico.

La lección que el historiador católico puede extraer de esta recepción literaria es que el Paracelso histórico ha sido secuestrado por el mito. Recuperarlo significa devolverlo a su contexto: el del médico católico suizo-alemán que, en continuidad con la tradición tomista, distinguió la alquimia spagyrica de la nigromancia supersticiosa, y que murió en comunión con la Iglesia.

«Multi scribunt de Paracelso, pauci legunt Paracelsum; et qui legunt, saepe non intelligunt. Ita fit ut legat populus fabulam, non historiam.»

Muchos escriben sobre Paracelso, pocos leen a Paracelso; y quienes lo leen, a menudo no lo entienden. Así ocurre que el pueblo lee una fábula, no una historia.

Karl Sudhoff, Bibliographia Paracelsica (1894), prólogo.

X.Cronología

1493
Nacimiento
Einsiedeln, Suiza
1515
Doctorado
Universidad de Ferrara
📖
1527
Basilea
Quema del Canon, cátedra
1530
Madurez
Opus Paramirum, spagyrica
1541
Muerte
Salzburgo, católico
1493
Nacimiento de Theophrastus Bombastus von Hohenheim en Einsiedeln (Suiza), población de peregrinación marial.
1502
Traslado de la familia a Villach (Carintia). El padre, Wilhelm, trabaja como médico de las minas de Fugger.
1506
Visita al abad Johann Trithemius en Sponheim. Primer protector eclesiástico, teólogo benedictino.
1515
Estudios en la Universidad de Ferrara. Posible doctorado en medicina. Influjo del humanismo médico italiano (Leoniceno).
1516
Inicio de los viajes por Europa: Suecia, Dinamarca, Lituania, Prusia, Polonia, Países Bajos.
1524
Estancia en Salzburgo. Primera redacción del Archidoxis. Inicio de la obra spagyrica.
1527
Llamado a Basilea por Johannes Frobenius. Quema del Canon de Avicena el 24 de junio. Profesor de medicina en la Universidad.
1527
Muerte de Frobenius (octubre). Pérdida del protector. Conflictos con los médicos locales.
1528
Huida de Basilea de noche, perseguido por deudas. Comienza la última etapa nómada.
1530
Redacción del Opus Paramirum y del De morbo gallico. Madurez doctrinal de la spagyrica.
1530
Estancia en Núremberg. Publicación de parasimpáticos contra los médicos universitarios.
1531
Redacción del De occulta philosophia. Distinción entre magia natural y nigromancia.
1536
Residencia en el palacio episcopal de Augsburgo, bajo protección del obispo Christoph von Stadion.
1538
Publicación del Labyrinthus medicorum errantium. Última gran obra.
1541
Muerte en Salzburgo el 24 de septiembre. Enterrado en el cementerio del hospital de San Sebastián.

XI.Fuentes y bibliografía

  • Paracelso, Opus Paramirum (1530). Edición crítica: Karl Sudhoff, Theophrastus von Hohenheim genannt Paracelsus sämtliche Werke, I. Abteilung, t. IX, Oldenbourg, Múnich-Leipzig, 1930.
  • Paracelso, De occulta philosophia (1531–1533). En: Sudhoff, t. XIV, 1933. [No confundir con la obra homónima de Enrique Cornelio Agrippa, publicada en 1531.]
  • Paracelso, De morbo gallico (1530). Edición bilingüe latín-alemán: Huser, Basilea, 1589.
  • Paracelso, Labyrinthus medicorum errantium (1538). En: Sudhoff, t. XI.
  • Paracelso, Philosophia ad Athenienses. En: Huser, t. I, Basilea, 1589.
  • Paracelso, Sämtliche Werke. Edición completa por Karl Sudhoff y Wilhelm Matthiessen, 14 volúmenes, Oldenbourg, Múnich, 1922–1933. [Edición de referencia para estudios académicos.]
  • Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica, II-II, cuestión 95 (De divinatione). Edición BAC, Madrid. [Marco teológico para la distinción spagyrica/nigromancia.]
  • Juan XXII, bula Spondent quas non exhibent (1317). En: Bullarium Romanum, t. IV. [Marco jurídico de la tolerancia católica de la alquimia médica.]
  • Paracelso, Opus Paramirum (1530). Ed. Karl Sudhoff, Sämtliche Werke, I. Abt., t. IX, Oldenbourg, Múnich, 1930.
  • Paracelso, De occulta philosophia (1531–1533). Ed. Sudhoff, t. XIV, 1933.
  • Paracelso, De morbo gallico (1530). Ed. bilingüe Huser, Basilea, 1589.
  • Paracelso, Labyrinthus medicorum errantium (1538). Ed. Sudhoff, t. XI.
  • Paracelso, Philosophia ad Athenienses. En: Huser, t. I, Basilea, 1589.
  • Paracelso, Sämtliche Werke. Ed. Karl Sudhoff, 14 vol., Oldenbourg, Múnich, 1922–1933.
  • Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica, II-II, q. 95 (De divinatione). Ed. BAC, Madrid.
  • Juan XXII, bula Spondent quas non exhibent (1317). En: Bullarium Romanum, t. IV.

XII.Preguntas frecuentes

No. No existe proceso inquisitorial contra Paracelso en vida ni después de su muerte. Sus protectores fueron clérigos católicos —el abad Trithemius, el obispo von Stadion de Augsburgo, el arzobispo Ernst de Baviera— y murió católico en Salzburgo, ciudad episcopal. La hostilidad que sufrió provino de la Facultad de Medicina de París, que lo condenó en 1578 por motivos académicos (rechazo del galenismo, uso del alemán), no dogmáticos. Algunas ediciones locales del Index incluyeron obras sueltas atribuidas a Paracelso, pero el autor en bloque no fue prohibido.

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